jueves, 26 de febrero de 2009

CARNAVALEANDO EN TARIJA, BOLIVIA (4)

Pues si el jueves fue el de compadres, el siguiente, es el de comadres. Mucho habíamos oído hablar de este día: es el día en el que las mujeres mandan, los grupos de mujeres se apoderan de la ciudad, hay una chupa (borrachera) general de las mujeres, un desmadres (nunca mejor dicho) generalizado, etc, etc. Bueno, no fue para tanto. Un día divertido y diferente, muy agradable y festivo.
Este jueves, igual que el anterior, comienzan a oirse los cohetillos desde la mañana y a verse personas, sobre todo mujeres, con sus canastas de comadres, que son montadas igual que las de compadres. El agua es también protagonista de la jornada, como todas las anteriores. A Amalia la hicieron comadre dos buenas amigas y Jesús y yo hicimos comadre a las dos amigas que nos hicieron compadre el jueves anterior, devolviendo la canasta y consolidando el compadrazgo.
La diferencia la establece la Gran Entrada de Comadres. Numerosos grupos de mujeres se organizan vistiéndose con los trajes tradicionales o sus versiones más o menos cercanas. Se trata del sombrero de chapaca, tipo bombín achatado de colores suaves, verde agua o amarillo dorado sobre todo, la blusa de tocuyo o tela blanca con muchas flores bordadas de colores, la pollera ajustada a la cintura por encima de la rodilla y las ojotas, sandalias planas negras o marrones de tiras cruzadas. No puede faltar una flor en el pelo y algunas llevan su manta, que llaman al mantón de Manila con flecos y bordado, blancos y de colores llamativos. El baile es de pasos repetitivos y sencillos, pero con movimientos graciles hacia uno y otro lado que mueve mantones y faldas. Las manos a la cintura o sosteniendo la canasta de comadre en el lateral o sobre la cabeza.
Van saliendo lentamente grupo tras grupo, identificados con un nombre simpático y creados en los barrios, en lugares de trabajo o simplemente grupos de amistad. Unos con quince o veinte mujeres y otros llegaban a doscientas.
Mientras ellas salen en su pasacalles por una de las avenidas principales más anchas cientos de personas, familias, y por supuesto hombres, las ven pasar con admiración, pero sin grosería ni la chabacanería que podría haberse dado en un acto de exposición únicamente femenina. La lluvia fue la única que estropeó el acto, aunque apareció en las últimas horas afectando a los grupos más rezagados.
Amalia salió en el grupo de las “hormiguitas trabajadoras”, uno de los más respetuosos con la tradición, sin versiones modernizadas de la indumentaria ni del baile, donde predominaban compañeras campesinas, algunas de ellas muy duchas en llevar la canasta sobre el sombrero sin necesidad de ser sostenido por su mano. El baile, a ritmo de erque, natural y continuado.

Ya llevamos casi tres semanas desde el primer acto de anuncio del carnaval, días de agua, de fiestas, de pasacalles y de trabajo a la vez, tanto para los que aprovechan para ganar unos pesos como para la práctica totalidad de la clase trabajadora que no goza de permiso para disfrutar. Sólo los niños y universitarios están sin clases, aunque muchos de ellos deben también trabajar para apoyar la economía familiar. Es una sensación extraña, casi todos se divierten y trabajan casi a la vez, pues mientras se celebra una de las actividades tradicionales del Carnaval los comercios, empresas, talleres, campos, granjas, carreteras siguen en plena actividad laboral.

Sin embargo, el Carnaval, los días importantes del Carnaval, aún no han llegado. El primero es el día 3, el domingo de Carnaval. El corso de mayores supone la fiesta principal de la ciudad. Grupos disfrazados salen en un largo pasacalles, con la más extraordinaria heterogeneidad, soportando que le echen chorros de agua y de espuma, a la vez que la población los admira y, a veces, les aplaude a su paso. Casi todo vale, ir sobrio o ebrio, con traje tradicional o de fantasía, hombre o mujer, niños, jóvenes, adultos o ancianos, haciendo propaganda de una marca, un restaurante o un pueblo, a caballo, en moto, con camión a modo de carroza o a pié, en pequeño grupo, solo o en gran comparsa, con crítica política o sin ella, con música tradicional o carnavalera, lo único indispensable es el buen humor, las ganas de divertirse, la ausencia de vergüenza y sentido del ridículo, y bailar, eso sí, pues si no bailas la gente lo pide a gritos, lo corea hasta iniciar el movimiento. Hasta un policía de servicio puede parecer un motivo de chiste y risa. Los grupos más destacados nos parecieron los que iban disfrazados de Evo y Hugo Chávez, con megafonía que imitaba al presidente, los moteros cincuentones argentinos, grupos folklóricos venidos de Cochabamba, los piratas del caribe, pero sobre todo, como cada año, los reclutas. Son esperados por su originalidad y energía en el baile. Los y las soldados que hacen el servicio militar ensayan sus movimientos y gritos, se hacen sus disfraces, este año de superman, de spiderman, de la masa, de negros timbaleros, se pintan la cara y gran parte del cuerpo, hacen teatros y pasos simpáticos. Toda esa preparación la realizan en el tiempo de cuartel, entendiendo esta participación como forma de divertir a la gente, a la vez que rompe el esquema marcial, distante y rígido del ejército.

1 comentario:

  1. holaaa, me llamo lilianaaa, me encanto su relato sobre la fiesta de comadres, soy boliviana vivo en santa cruz, el proximo año ire a tarijaa a disfrutar de esta linda fiesta..............hoy es juevess DE COMADRESS 2011

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