viernes, 20 de noviembre de 2009

LA TIERRA COMO SEÑA DE IDENTIDAD ANDALUZA

Andaluces levantaos
pedid tierra y libertad


Hoy, más que nunca, en el momento en que la economía especulativa ha salido a la luz y está siendo juzgada y condenada, es necesario reivindicar la tierra. Para el pueblo andaluz la tierra ha sido seña de identidad ancestral, además de elemento de reivindicación y grito de lucha.
Para los antiguos pueblos costeros del mediterráneo, fenicios, griegos, cartagineses, así como para catalanes o también tuaregs del desierto, el comercio fue su salida natural, buscando unos recursos de subsistencia que su territorio no podía ofrecerles suficientemente. Para otros, de carácter montañés y agreste, vascos, balcánicos, andinos, la guerra y su botín constituyeron la fuente de ingresos necesarios. El dinero, las joyas, la hojalata, los objetos de fácil transporte, fueron traficados y comerciados por judíos, gitanos y otros pueblos perseguidos y en exilio permanente. A los andaluces, el Valle del Guadalquivir, las hoyas entre sierras, la montaña suave, las tierras bajas de la costa, la naturaleza, le ofreció fertilidad, para cultivar, para criar, para recolectar, pescar y cazar. La tierra es para Andalucía la madre que provee, el primer valor, junto al de la libertad, según reza en el himno.
Andalucía fue conocida como el granero de la Península por su enorme producción de trigo sobre todo, pero también de cebada, de avena. Alimentó no sólo a su gente sino a la de otros territorios ajenos, haciendo salir por sus puertos y sus rutas terrestres el grano que en forma de harina conformó alimentación básica de mucha mucha gente.
Los andalusíes perfeccionaron las técnicas agrícolas hasta límites desconocidos hasta entonces, y sostenibles como no se han desarrollado hasta hoy. El riego se llevó a lugares lejanos, las sequías cíclicas se paliaron y la escasez de agua de largas temporadas secas se sofocó con canales, represas y un cuidado uso del suelo en función a sus posibilidades reales. Se introdujo el olivo, optimizador de sierras y ondulaciones del terreno, se mantuvo la vid en una muy tolerante época islámica y se potenciaron los regadíos. Pero a la vez las áreas forestales se aprovecharon sin devastar, la encina, el alcornoque, el matorral se hicieron fuente de subsistencia, la costa se apoyó en sus pesquerías, el monte se pobló con cabra bien pastoreada, la marisma se respetó en su biodiversidad, se cazó sin depredar y se recolectaron los frutos que la tierra regalaba sin contraprestación más allá que la del respeto y la prudencia.
“Está queriendo llover” dicen en el pueblo. Parece que la lluvia tuviera voluntad, de caer o de pasar de largo, como si se le atribuyeran cualidades humanas. Igual que se hacen romerías a diferentes lugares del campo. Los sacerdotes construyeron iglesias donde iban de antiguo las gentes a ejercer su espiritualidad, pusieron nombres a sus vírgenes procedentes de la naturaleza, como las del Rocío, el Valle, el águila, la Peña, la Oliva, la Sierra, la Estrella, el Mar.
La tierra es seña de identidad andaluza, por su presencia permanente a lo largo de la historia, por los productos que le regaló y que le permitieron sobrevivir, por el respeto que el pueblo le brindó, por las tradiciones y vivencias de lo trascendente. Y hoy, en un presente capitalista unido a la especulación, materialista asociado al dinero, depredador aliado al productivismo, industrialista alejado de la naturaleza, ¿podremos, el pueblo andaluz, volver los ojos a la Tierra, a nuestra Tierra?

lunes, 31 de agosto de 2009

PASE EL TIEMPO QUE PASE

(historias del pueblo)

Rodríguez era guardia civil. En aquellos años sesenta la Benemérita campaba por sus respetos allá por donde le antojaba. Iban en pareja a caballo o caminando, entrando por cualquier vereda o por campo abierto. En el medio rural no siempre se delataba su presencia por el ruido del motor del vehículo, podían aparecer en cualquier momento. Les gustaba impresionar a las gentes, llegando de improviso. Al dar el alto se paralizaba el aludido bajo riesgo de ser baleado si no lo se inmovilizaba completamente.
Anselmo era un chiquillo de la aldea. Había quedado huérfano antes de haber llegado a la pubertad, con cinco hermanos, que se debatían entre el hambre y la miseria. La ayuda de sus abuelos, escasos de recursos, la dedicación de su madre, que hacía rifas y ponía inyecciones, y las pequeñas aportaciones de los pequeños permitían la supervivencia a duras penas de la familia. Él recogía espárragos que luego entregaba a su abuelo, recovero, que compraba gallinas y otros productos en el campo y lo vendía en una ciudad cercana. Eran sólo unas monedas, pero aliviaba la escuálida economía familiar.

Aquel día, Anselmo había salido a realizar la recolección cotidiana, con su canasta en el brazo, para evitar las roturas de los tallos, lo cual abarataba el producto. Nunca se alejaba demasiado de las casas, como mucho hasta la torre, desde donde se veía su hogar y la calle principal de la población. Concentrado en su tarea, de pronto oye un raspajeo y el temido grito: -Alto!!!. Eran los civiles.

Esperaban encontrar productos de contrabando en el cesto, sospechando que el abuelo utilizara al correo infantil para llevar y traer, por aquellos montes, material de estraperlo. Desconfiaban de todo el mundo a este respecto, pues también la cercanía de un puerto extranjero lo facilitaba, la necesidad era mucha y la excusa era perfecta para establecer una mayor y ejemplarizante represión.
Rodríguez tiró al suelo los espárragos, pero, frustrado por no encontrar nada más, de puro coraje, pisoteó los vegetales hasta hacerlos hilo. El niño, al ver el producto de su trabajo destruido y la ayuda a su familia coartada, no pudo por menos que llorar, desconsolado, de rabia, de impotencia. Pero el militar no estaba dispuesto a escuchar lamentos y ver lágrimas y, lejos de compadecerse, lanzó un tremendo bofetón a la cara del chiquillo. Con tamaño golpe y ante lo desequilibrado de las fuerzas, Anselmo cayó más allá de las retamas. El oído le silbaba, el cachete le ardía, la mandíbula le dolía, pero la dignidad fue la más dañada. Desconocer el motivo último de la acción del adulto y lo desmedido del inmerecido castigo produjo un gran efecto en el crío, que ni se atrevió a contar lo sucedido a su madre, su familia o cualquiera del pueblo, pues el temor era mayúsculo y la vergüenza tremenda. El secreto fue celosamente guardado.

Los años pasaron y el mozalbete se fue convirtiendo en un joven trabajador de las vías del tren. El episodio de los espárragos quedó en el olvido y, al no poder ser referido por nadie, se aparcó en lo más profundo de la memoria. O al menos eso parecía.
Rodríguez, como casi todo funcionario militar, pidió su baja voluntaria por años de servicio y, aún en edad laboral, comenzó a trabajar en algunas obras, aprovechando las influencias conseguidas en los años de autoridad y los contactos conservados como miembro del Cuerpo. Su puesto era de listero, una labor sencilla que operativamente no iba más allá de presentarse en la obra, al principio de la jornada, pasar lista, comprobar la asistencia de todos los obreros, amedrentarlos con amenazas en caso de ausencia o dudas en caso de enfermedad y marcharse a sus otras labores lúdicas, domésticas o de cualquier otra índole. Una especie de inspector laboral contratado por el patrón para incidir en su autoridad delegada y no mancharse con lo sucio del trato con los trabajadores.
La casualidad hizo que Anselmo coincidiera con Rodríguez en el mismo tajo. El exguardia civil pasaba lista a diario en la cuadrilla del joven, nombrándolo en voz alta, pero sin saber de quién se trataba. Era obvio que no relacionaba aquella cara con la del chiquillo de los espárragos o, lo más probable sería que episodios como aquéllos habían sido tan habituales que su memoria no guardaba detalles, fechas, rostros ni lugares específicos. Pero Anselmo sí.
Pasados unos días el muchacho bullía de la rabia. Respondía al ser mencionado por el sádico pero no dejaba de dar vueltas a su cabeza.

Unas semanas después le comentó al responsable que tenía que hablar con otro jefe que se encontraba unos kilómetros más arriba de la vía. El permiso fue concedido y, poco después de marcharse el listero, salió de la obra rápidamente. Corrió entre los raíles lo más rápido que pudo, atajando por veredas, para finalmente apostarse a la salida de un túnel en una tensa espera.Al llegar Rodríguez, aún Anselmo jadeaba por la carrera y el nerviosismo. Usted no se acuerda de mí, ¿verdad? Pues no. Y le relató aquello que sucedió tantos años atrás. Seguidamente y sin mediar palabra un fuerte, duro y curtido puño golpeó la cara del antiguo guardia civil. Con lengua entrecortada por el miedo y el dolor insistía en que había una equivocación, que no era él aquel injusto agresor, que nunca había hecho tal cosa. Pero el vengador tenía una seguridad absoluta. El recuerdo del rostro prepotente del número de la Benemérita era inequívoco. Un segundo puñetazo llevó al hombre al suelo. La falta de resistencia y la paralización por el temor dejó satisfecho al muchacho, dispuesto a propinarle una soberana paliza. Una última amenaza dio por concluido el incidente, exento de testigos, en medio del campo: y si lo que hoy ha pasado me perjudica lo más mínimo iré a buscarlo donde quiera que se esconda, me acordaré de usted pase el tiempo que pase.

jueves, 9 de julio de 2009

LA PREMISA FALSA EN AMÉRICA LATINA

La identificación interesada de modelos prejuiciados es permanente en el panorama político latinoamericano. Se repite hasta la saciedad la fórmula y, en ocasiones, llega a tener buenos resultados. Se trata de una simplificación absurda en la que se insiste a cada instante:

Rebeldía que busca el Cambio = Movimientos sociales = Izquierda política = Socialismo estatista = Hugo Chávez = Fidel Castro = Dictadura estalinista

Puede parecer una exageración, pero hoy esta relación se establece cada día. En alguna calle del centro de Tarija (Bolivia) puede leerse “Evo, chola (querida, amante) de Chávez”. Uno de los motivos que aducen los golpistas hondureños es la cercanía del Presidente Zelaya a su homólogo venezolano. Las manifestaciones convocadas por la Confederación General de Trabajadores del Perú esta semana, igual que las de los pueblos amazónicos de los últimos meses, son atribuidas por el gobierno peruano a la influencia del mandatario bolivariano.

En campañas electorales se recrudece la simplista regla, pero no se olvida en etapas de gestión normalizada, difundida por grupos mediáticos de fuertes intereses económicos, como Prisa o Vocento.

La realidad (o mejor diríamos “las realidades”) es que el modelo capitalista neoliberal, que en Europa y Estados Unidos apenas se cuestiona y que en el llamado mundo desarrollado “tan sólo necesita de algunas reformas”, es señalado como causante directo de las desigualdades sociales, de la pobreza, del continuismo político, de la dependencia global, de la discriminación racial, de la globalización excluyente, del racismo y la xenofobia, de la crisis total que estamos viviendo. La población clama por cambios estructurales en la política y la economía. Que sectores mayoritarios y populares de Ecuador, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, El Salvador, Paraguay y otros estados latinoamericanos apuestan democráticamente, en procesos electorales bien inspeccionados por organismos internacionales (cosa a la que no estamos acostumbrados/as en el Estado español), por fórmulas revolucionarias de izquierda.

Las movilizaciones son éxitosas unas tras otras, a pesar de la represión policial, como en el caso peruano, o militar, como el hondureño. Los bloqueos se suceden y la presión se hace constante.
Sin embargo, la conocida correlación arriba citada trata de denigrar, menospreciar y tergiversar este empuje. Es obligado, para emitir una opinión racional, desentrañar esta mentira, desmenuzar lo que sucede, aceptar la diversidad y la heterogeneidad de los procesos, para así aprender de alguna forma de la experiencia ajena, compartir objetivos y vislumbrar en la lejanía una alternativa al régimen capitalista que padecemos.
(en la foto una manifestante indígena de la amazonía peruana grita consignas. - EFE Mónica Martínez (EFE) - Lima )

lunes, 6 de julio de 2009

NUEVO PELIGRO PARA LA ALTERNATIVA LATINOAMERICANA

(Ante el golpe de estado en Honduras)

En Honduras se están haciendo patentes, una vez más, las verdaderas posibilidades de un cambio estructural. La oligarquía económica y política del país, los partidos políticos tradicionales, el ejército y la Iglesia Católica tratan de abortar a la antigua usanza golpista el intento de ofrecer una alternativa política.

No se trata en estas sencillas líneas de analizar, proteger o vilipendiar la gestión del Presidente Zelaya, pues entraríamos en un entramado de opiniones según los intereses de unos u otros grupos, de unas mayorías y unas minorías. Lo que está meridianamente claro a estas horas es que los grupos dominantes, que siempre han tendido el apoyo de las grandes multinacionales, los EEUU y la Unión Europea, zancadillean a un dirigente elegido en elecciones libres y democráticas, unas horas antes de una consulta (ni tan siquiera referéndum o elecciones) libre y democrática.

Esta vez las entidades multilaterales latinoamericanas han sido ágiles y rápidas, la condena unánime y el acompañamiento al Presidente, y la legitimidad democrática, contundentes. Sin embargo, se echa de menos que el Presidente de los EEUU, de imagen nueva y amable, y los representantes europeos, autodefinidos como defensores a ultranza de la democracia universal, hagan algo más que lanzar palabras al viento.

Como sucede cada día en Ecuador, en Bolivia, en Venezuela, en Nicaragua y en otros lugares la minoría que siempre ha controlado el país frena los cambios que la mayoría popular clama e impulsa en los procesos democráticos electorales. Pero cuando las elecciones no lanzan los resultados deseados por la clase privilegiada parece que la democracia no es válida y hay que buscan nuevas interpretaciones de la ley. El dueño de las grandes compañías de transporte hondureñas ha sido nombrado presidente, como lo fue el de la asociación de empresarios en el golpe en Venezuela o lidera la oposición un gran bananero en Ecuador y un representante de los grandes ganaderos en Bolivia. Mientras tanto, se oyen los aplausos de los gerentes de las multinacionales europeas y norteamericanas, de la jerarquía católica y los políticos conservadores neoliberales del mundo desarrollado.

El pueblo latinoamericano está buscando nuevas vías, en cada país y estado de una manera diferente, dotados de una diversidad de procesos históricos, políticos y comunitarios de extraordinaria riqueza. No es cierto que sólo haya una vía señalada (la de Hugo Chávez), ni tampoco que todos los pasos sean positivos y, aún menos, todos loables, pero hoy América Latina nos muestra que hay alternativas posibles. Como cantaba Mercedes Sosa:
América latina
Tiene que ir de la mano
Por un sendero distinto
Por un camino más claro

viernes, 3 de julio de 2009

TRATAMIENTO PARA AGRESORES...EN LA CÁRCEL

(sobre la violencia machista hacia las mujeres)

Desde varias instancias he escuchado que para el tratamiento para los maltratadores no debe ser otro que la cárcel, y lo más larga posible. Son planteamientos que han procedido de algunas personas declaradas feministas y que ven en el trabajo con hombres una inutilidad, una carga económica y de energía para las instituciones de igualdad de género que no deben malgastarse en aquellos que crean el problema, en los verdugos de los que procede la agresión , la violencia, la muerte.
Frente a éstas, también he encontrado superlativos hacia la mediación familiar, el tratamiento de la violencia de género como un asunto doméstico que debe buscar soluciones en el seno del encuentro, del diálogo, de la comunicación, de la negociación. La violencia se convierte, desde esta perspectiva, en una dificultad de entendimiento, en un acicate para sentarse a conversar, necesitado o no de intermediación efectiva.

La violencia, además de ser un acto legal y penalmente perseguible y perseguido, no puede quedar impune. En nuestro sistema social, la detención y el encarcelamiento son los instrumentos fundamentales de aplicación a la ilegalidad, al incumplimiento del régimen normativo existente. Se encarcela al que estafa, independientemente de si el estafado tenía una fortuna que tan sólo se mermó parcialmente o quedó en la absoluta ruina. Se encarcela al que roba, independientemente de si robó para cubrir necesidades básicas o para enriquecerse desorbitadamente. Se encarcela al que reiteradamente conduce sin permiso legal o en situación de embriaguez, independientemente de si causó daño a otra persona o solo a si mismo. Pues si se encarcela en estos ejemplos, con mucho más motivo al que ejerce violencia de género. Te saltas la norma gravemente, mereces cárcel. Ése es el sistema (o el régimen, según se mire).
Una segunda razón es que encarcelado no puede ejercer esa misma violencia. De tal manera que, ciertamente, mientras más largo sea el período de reclusión más largo será el momento en que pueda reiterar su conducta delictiva. Como medio de coerción de comportamientos rechazables, enclaustrar al díscolo nos sirve a toda la sociedad para estar más seguro de que no repetirá su acción.

Pero el régimen penitenciario no es suficiente. La cárcel, dicen, es la facultad de la delincuencia. La violencia se hace mucho más palpable en los recintos penitenciarios que en la calle. El ambiente machista, jerárquico y patriarcal se vive con mucha más virulencia. Quien entra en la cárcel no sólo lo hace con conceptos distorsionados de las relaciones entre mujeres y hombres sino que los tergiversa aún más, los centra en los vis a vis y se aleja de expresiones y referencias de igualdad sexual.
La cárcel, insisto, desde nuestro régimen penal, es justa y necesaria. Justa por ser consecuencia directa de la aplicación de la ley y necesaria por ser una respuesta consensuada socialmente, equiparable a otras por comportamientos similares y garantía de no reincidencia durante el tiempo de reclusión.
Sin embargo, de nada nos sirve si no se complementa con tratamiento ante la agresión, terapias psicosocioeducativas que permitan mejorar las posibilidades de reinserción del delincuente, disminuyan las posibilidades de generación de nuevas víctimas y sirvan de referencia social ante otras conductas antisociales. No se trata de mediación familiar, que pueda diluir el asunto entre víctima y verdugo, como si la responsabilidad pudiera repartirse. Tampoco de hacerse a cargo de presupuestos para la atención a las víctimas, reduciéndose éstos a favor de aquellos.
Hay que contar con los hombres para conseguir una sociedad más igualitaria. Hay que tratar a los agresores para terminar con la violencia de género, pero estando encarcelados.

LO PERSONAL ES POLÍTICO, LO POLÍTICO ES PERSONAL

(sobre la igualdad entre mujeres y hombres)

En una época en la que se utiliza la imagen del hippie en un anuncio de la televisión entusiasmado por la televisión de pago, como símbolo de la incoherencia y del interés universal por la programación hegemónica, es aún más importante reivindicar aquellos movimientos de los sesenta, “padres y madres” de gran parte de los avances que ahora disfrutamos o, al menos, portavoces de una nueva visión para un mundo mejor. El pacifismo, el ecologismo, la educación popular, la participación ciudadana, el conflicto norte-sur, etc. no serían hoy protagonistas de muchas acciones políticas y sociales sin las aportaciones de aquellas corrientes críticas. Es más, en ocasiones, tenemos que desempolvar aquellos libros, antiguos videos y cintas magnetofónicas para ver qué capacidad visionaria tuvieron, qué actuales son o cuánto nos queda aún por sobrepasarlos.
Para el asunto que nos ocupa, toman aún más interés aquellos movimientos por lo que supusieron de espíritu crítico y de reconstrucción de modelos sociales, políticos y sexuales. Es de interés la aportación queer con respecto al mosaico de vivencias sexuales, por la reivindicación radical de la heterogeneidad y diversidad, también en el mundo de lo sexual, que, desde bebés, incluso antes, nos han estado transmitiendo como dual, simple e interesadamente dicotómica. Mucho debemos preocuparnos en difundir esta idea especialmente entre nuestra juventud e infancia, si queremos que realmente se respete la igualdad y el derecho a elegir nuestra propia identidad, reconstruirla y reconstruirla.
Existe realmente un “régimen normativo de género” que, por más leyes que se aprueben (por cierto, tímidamente) para el fomento de la igualdad entre mujeres y hombres, está siendo tremendamente difícil superar. Los medios de comunicación (televisión, radio, prensa,…) y de reproducción (instituciones como la escuela, la iglesia, el estado, el ejército, la policías, los gremios corporativistas, así como la publicidad, la familia o las producciones llamadas culturales) están siendo tremendamente permeables a los cambios en materia de género. Los poderes económicos y políticos también están haciendo poco o nada para modificar esta situación.
Lo cierto es que ni feministas liberales, ni radicales políticas, ni radicales feministas han podido revertir el proceso. Se hace necesaria la colaboración de toda la sociedad, en una visión crítica del modelo, del régimen impuesto de desigualdad, para alcanzar el objetivo de la igualdad plena. Siguiendo esta misma aureola integradora: Si lo personal es político, lo político también ha de ser personal, o quizás no tengamos que elegir entre lo político y lo personal, entre lo personal y lo político.
Enlazando con la cuestión de los cuidados, ¿no podríamos hacer de la asunción igualitaria de los cuidados por parte de los hombres una bandera reivindicativa? ¿No generamos polémica en nuestro pueblo cuando salimos a la calle, escoba en mano a barrer, cuando salimos a la terraza a regar las macetas, cuando en un grupo de amigos renunciamos a vernos una tarde por cuidar de nuestro bebé o de nuestros progenitores, cuando pedimos un día libre para acompañar en una excursión escolar? Lo personal es político.
Pero también deberíamos empezar a llevarnos a nuestros/as hijos/as a las reuniones de comunidad, del partido o de la asociación, escribir sobre los cuidados y nuestra responsabilidad en la comunidad de convivencia en la que vivimos, comentar públicamente nuestra dificultad para conciliar la vida personal y social, cuando, venciendo el empuje cultural hegemónico, lo intentamos. Lo político es personal.
Quizás no haya que elegir entre lo personal y lo político, la dicotomía de estos ámbitos sea también artificial o interesadamente rígida. La vida sea, como se ve en otros momentos de nuestra historia y en culturas campesinas y originarias, más integrada, más global e interrelacionada en sus diferentes elementos.

ME HA MIRADO EL TUERTO

(historias del pueblo)

Cada vez que me traigo a casa a mi madre para pasar una temporada, pues ella está delicada, le pasa algo. Una vez se cayó en la puerta y se rompió un brazo. En otra ocasión por poco se muere, hubo que llamar a urgencias. Y en la última venía mala, recién operada de la cadera, casi sin poder andar.
Pero es que mi hija ha estado enferma varias veces, a pesar de ser una niña. Le han dado mareos y ahora no para de molestarle la barriga.
Hasta yo creo que veo menos.Me parece que me ha mirado el tuerto.

EL DE LAS TRES MUJERES

(historias del pueblo)

El otro día vino a verme Juan, el de las tres mujeres, nos cuenta el Alcalde. Me pidió que le diéramos una vivienda adecuada al tamaño de su familia, compuesta por sus hijos, sus hijas y sus tres mujeres.
Cuando muy joven, Juan se casó con una muchacha del pueblo con la que tuvo una hija, pero pronto el matrimonio fracasó, decidieron separarse y ella se marchó a la costa, donde había mejores posibilidades de trabajo. Juan va a verla a menudo, a ella y a la niña, se queda algunos días o el fin de semana, compartiendo casa y lecho, aunque de manera esporádica y no habitual.
Más adelante conoció a una mujer con la que creó una familia. Tuvieron dos hijos, con los que convive en el pueblo, de forma aparentemente convencional, hasta hoy.
Pero hubo un momento en que otra mujer, más joven, entró en la vida de Juan, y también en la de su esposa y sus hijos, la de la casa en el pueblo. Ella entró en la familia, como una más, y tuvieron un hijo común, que comparte espacio con sus hermanastros felizmente.
Juan, por tanto, tiene tres mujeres y descendencia con cada una. Con una convive de vez en cuando y con las otras dos de manera habitual. Aparentemente todo funciona bien. Las tres se conocen entre sí, dos residen en el mismo hogar y uno cohabita con las tres.

TENDRÉ QUE IR A VOTAR

(historias del pueblo)

En las últimas elecciones no fui a votar, la yegua iba a parir y estuve a su vera todo el día. Al final se me hizo tarde. A los pocos días el Alcalde se encontró con mi cuñado y le preguntó por qué yo no había ido a votar.
Estoy pendiente de un permiso de obras del Ayuntamiento para la casilla del motor, esta vez voy a tener que ir a votar.
Pero además, yo no sé qué tengo que votar.

lunes, 1 de junio de 2009

MI HIJO TRAJO MUCHOS DEBERES: LA NECESIDAD DE UNA ESCUELA NUEVA

(La promesa de un ordenador para cada niño/a en los centros escolares provoca muchas reflexiones, ésta es una de ellas)
Es habitual que mi hijo traiga deberes a casa. Después de cinco horas diarias en el centro escolar, estando académicamente entre los más destacados de su grupo, arropado por un ambiente sociofamiliar donde la lectura, la escritura y el estudio son habituales, a pesar de todo eso, debe hacer deberes casi a diario, al menos una o dos horas diarias. Fui a hablar con su profesora y me dice que no observa una dificultad especial, todo va bien, nada de qué preocuparse. Pregunto por sus actitudes y comportamientos sociales, pero sólo responde por las actividades académicas. Lo comento con otras madres y me dicen que sus hijos/a traen igualmente tareas para casa, incluso que deben pasar casi toda la tarde realizándolas.

La escuela se ha convertido en un espacio de producción de ejercicios cognitivos, una pequeña fábrica de datos y adiestramiento manual y mental para luego arrojar los productos a la basura. Ése es el destino final de los múltiples cuadernos que rellena el alumnado cada año, al terminarlo o pasadas algunas gestiones escolares, cuando no hay ya espacio ni interés por almacenarlo. Lo social se relega al tiempo de recreo o a la clase de educación física, a la tarde que queda con padres y cuidadores de todo tipo (monitores/as, catequistas, empleadas, abuelos/as, etc.), fines de semana y vacaciones. No está mal, puede ser el 50% del tiempo.
El otro 50% es tiempo de educación formal, escolar. El profesorado acumula los saberes y el conocimiento de la metodología para transmitirlos. Las críticas que soportan se centran en el trato individual y puntual a los/as hijos/as, aquello que afecta a “mi niño/a” (“la profesora le tiene manía”, “el maestro chilla mucho”, “el de educación física está siempre enfermo”, etc), pero poco se insiste en los métodos, poco se implican otras instancias en la labor educativa de la escuela. Y no por respeto o por celo profesional, sino porque no parece que haya otra alternativa.

Lejos queda la posibilidad de que las familias colaboren con el profesorado en la organización de actividades y en la presión para la mejora educativa, se solidaricen con la institución escolar para el avance en métodos, dotación de equipamientos, ampliaciones de aulas o de plantillas, para que el proceso educativo se enriquezca de manera integral.

La escuela debería retomar su sentido etimológico inicial de recreo, descanso, divertimento, abandonando el que posteriormente fue tomando como lugar de instrucción, de enseñanza. Debería asimilarse, para la infancia (para los adolescentes es otra cuestión, orientada a la investigación y la producción), a la función de ludoteca, de espacio de encuentro, de juego, de incentivación del aprendizaje autónomo, a través de la creatividad, del descubrimiento significativo personalizado, de la diversión orientada por facilitadores/as educativos que amenicen, ofreciendo posibilidades de actividad individual, grupal y colectiva.

Imaginemos unos espacios cercanos a nuestras viviendas, enclavados en el barrio, en la aldea, en el pueblo, para grupos de no más de ochenta o cien niños/as de diversas edades, identificado con su entorno cultural y biofísico, con accesibilidad total para toda discapacidad motora y sensorial, para toda diversidad cultural y étnica, para todo credo o religión, comunicado fácilmente para la población cercana. Donde se hable el mismo idioma, con el mismo acento, con similar lenguaje que el de los niños, niñas y familias. Sin maestros/as ni educadores/as sino con facilitadores/as que animan y ayudan, que orientan e incentivan, que acercan el conocimiento, las habilidades y, sobre todo, las actitudes socializadoras a la comunidad. Donde el horario sea flexible y abierto, habiendo un margen suficiente para entrar y para salir. Donde el espacio esté abierto y no vallado, con muchas entradas y salidas, quitando sensación de cerrado, de hermético. Que se asemeje a la calle, al barrio, al espacio natural donde esté enclavado, no esté tan “adaptado” que se convierta en una burbuja de superprotección, aséptico y esterilizado, para que los chicos/as no aprendan a andar, a autoprotegerse, a resolver sus necesidades, a salvar dificultades.
Los espacios interiores no deben estar estandarizados, como no lo están nuestras viviendas, las calles, los países, la naturaleza. No deben ser aulas, con sillas de difícil traslado, sino asientos de uso múltiple, que ahora se puedan colocar de dos a dos, luego se use individualmente y después se agrupen para la asamblea. Los materiales a la mano, como los libros en las bibliotecas actuales, y no como en las antiguas, metidos en estantes bajo llave. Los rincones bien organizados para su buen uso, con sus peculiaridades y especialidad. Uno de matemáticas por allí, con calculadoras, pizarras, ábacos, regletas, juegos de calcular, figuras con forma de número, palillos, reglas, compases, metros, pesos, etc. Otro de lenguaje con libros, cuadernillos, letras gigantes, juguetes de palabras, diccionarios, enciclopedias visuales, etc. Otro del entorno sociohistórico con atlas, globos terráqueos, mapas actuales e históricos, planos del barrio, de los alrededores de la escuela, de la ciudad, con cuadernos e investigaciones hechas por otros/as niños/as que anteriormente pasaron por allí, etc. Otro sobre el entorno econatural con fotografías de paisajes cercanos, rutas de paseos naturales, dibujos sobre la naturaleza humana, juegos de anatomía, sencillo laboratorio, microscopios, lupas, etc. Y otros más que vayan surgiendo de las necesidades expresadas por las familias y los/as niños/as, ya sea sobre las elecciones que se van a celebrar dentro de poco, sobre la playa que van a visitar en unos días o sobre una enfermedad que ha sufrido una persona cercana. Y todos ellos dotados de materiales para la creación, herramientas para el aprendizaje, papel (reciclado y reutilizado), bolígrafos y lápices, pizarras y tizas, algún ordenador e impresora, revistas, libros, periódicas, colores, disfraces, etc. Serían rincones como espacios tematizados, que se cambian periódicamente, para atraer la atención, para actualizar lo ofrecido.
Los tiempos serían de uso libre, con oferta permanente de talleres como dinamizadores del aprendizaje, con facilitadores/as que ofrecen un nuevo descubrimiento, la creación de una poesía, el control de una operación matemática, el conocimiento del aparato reproductor o la teatralización de una época histórica. Pero de asistencia voluntaria, incentivada, animada, no obligatoria. Todo el tiempo para jugar, para intercambiar opiniones, ideas, para resolver curiosidades y conflictos, para aprender a interactuar, a cooperar, a solucionar problemas. Con llamadas diarias a la asamblea para planificar el día, dar a conocer nuevas ideas, enjuiciar comportamientos contra la convivencia colectiva, normativizar colectivamente lo indispensable, evaluar experiencias, sistematizar lo avanzado. Donde los niños y niñas se acostumbren a dialogar, a conocer la fuerza de lo social, de la organización, escuchen a otros y se escuchen a sí mismos/as, participen y delimiten competencias y funciones. Con tareas comunes de mantenimiento de los espacios, responsabilidades en actividades concretas, funciones organizativas, cobertura de sus necesidades esenciales (desayunos, almuerzos, meriendas, higiene personal, limpieza, orden, etc.).
Un espacio abierto y libre utilizable para la comunidad, donde participen organizadamente, según las necesidades, los/as abuelos/as, los/as comerciantes del entorno, los/as dirigentes y líderes, la sociedad real, rompiéndose ese cerco que los colegios tienen con respecto al resto del mundo. Donde los paseos y salidas educativas sean habituales y parte del proceso cotidiano de aprendizaje, semanales, a lugares de uso social, a la tienda del barrio para estudiar los precios, la colocación de mercancías o aprender a sumar y restar comprando y vendiendo, al parque cercano para saber usarlo adecuadamente, al museo del centro, al centro cívico para conocer su oferta, al ambulatorio, la plaza del barrio o el pueblo, las calles recién restauradas o las últimas obras de mejora del saneamiento. Todo aquello que importa a la comunidad, que es casi todo lo que acontece alrededor. No está mal visitar una ciudad lejana, hacer un viaje de varias horas, pero no es necesario si lo que queremos es conocer nuestro entorno para participar en él, para saberlo nuestro, propio, para mejorarlo, para vivir bien. Ya no serían excursiones, pues no representarían salir al exterior, pues serían encuentros con nuestros propios espacios, nuestros lugares habituales de vida.

Una escuela para jugar, para crecer, para desarrollarse cada cual a su ritmo, teniendo en cuenta al grupo, a la comunidad, junto con el entorno, diversificando métodos, espacios, tiempos, en libertad, responsabilidad social, organización y funcionalidad. Una escuela viva, cambiante, dinámica, activa, adaptada, accesible, abierta, permanentemente nueva, útil y práctica.

sábado, 23 de mayo de 2009

LA DIFÍCIL CORRESPONSABILIDAD DOMÉSTICA Y M/PATERNA


(sobre la igualdad entre mujeres y hombres)

Todo comienza desde bien pequeños/as. A las chiquitas planchas de juguete, cocinitas y juegos tranquilos, a los chiquitos balones, coches y juegos dinámicos. Al llegar a la segunda infancia, a los 7, 8 ó 9 años, cada cual hace su grupo sexuado, las relaciones entre ellas y ellos son menos cotidianas, las distinciones van agudizándose, las falditas y zapatitos van diferenciándose aún más de los chandals y las botas con tacos. Las muchachitas ven a sus mamás y las ayudan a las tareas de casa. Los muchachitos imitan a sus papás y comparten fútbol, televisión y telemando. Y ay de aquél que trate de romper el esquema pues pude ser discriminado, insultado o apartado del régimen establecido.
Cuando son adolescentes, ambos sexos disminuyen su participación en el cuidado de la casa y de los más dependientes de la familia, pues ya no es como antes que las jóvenes se unían a sus progenitoras en el mantenimiento familiar, pero al independizarse o emparejarse de nuevo se repiten los tópicos.
Las mujeres, además, tienen menores y peores oportunidades de empleo. El desempleo es casi el doble que el de los hombres, pero la temporalidad, parcialidad, inseguridad y precariedad es mucho peor. Las posibilidades de promoción son menores, por el sexismo reinante y la formación previa sectorizada y promocionada en ocupaciones de cuidado y servicio, si no subalternas y reproductivas.

Aún suponiendo que la pareja se plantee con sinceridad la corresponsabilidad doméstica, estén convencidos de ello e intenten ponerlo en práctica, la dificultad es enorme por las cargas ya existentes. Es muy difícil, si no una heroicidad, cuidar del hogar al 50% cuando la dedicación al trabajo no es del 50%, cuando los conocimientos y la experiencia previa no son al 50%, cuando el sistema de distribución de roles de género no es al 50%, cuando las exigencias sociolaborales no son al 50%.
La cosa se complica cuando llega la prole. La baja maternal rebaja, normalmente, al 0% la exigencia de dedicación de las mujeres al mundo laboral externo (del interno, del doméstico, no se libra, es más, se intensifica), lo que supone la excusa perfecta para que la mamá realice muchas más tareas que el papá, que “tiene que levantarse temprano”, “¿cómo voy a dejar que él cuide del/la bebé en la noche cuando tiene que ir al trabajo por la mañana?”. Pasados unos meses de atención mayoritariamente materna, desequilibrada y, en muchos casos, obligadamente por el amamantamiento, el recién nacido no se calma sino junto a ella. Cuando comienza a hablar, por la noche, llama a mamá y no a papá, que “ni se entera cuando el/la niño/a llora”. “No quiere el biberón cuando se lo da él”, dicen algunas madres, incluso con cierto orgullo.

Como conclusión, siendo concientes del punto de partida, del carácter discriminatorio del sistema en que estamos aquí y ahora, de las dificultades para un comportamiento alternativo, de la falta de referencias y de promoción de la corresponsabilidad familiar cotidiana, estamos obligados a buscarla, a iniciar la senda de la igualdad en el mundo doméstico.
Sería perfecto trabajar media jornada cada uno/a (aunque suponga limitación del consumo y/o el gasto), compartir la baja paternal-maternal, pedir vacaciones, permisos o excedencias para equilibrar los tiempos de dedicación, distribuirse las tareas por igual para gozar de tiempos individuales para la promoción laboral, el estudio o la asistencia a reuniones, cursos o jornadas, rotarse los días y las labores de casa para no especializarse,...y otras mil estrategias prácticas y realistas que nos lleven, acerquen o inicien a la corresponsabilidad doméstica y m/paterna.

PASADO PRIMITIVO ¿PARA UN FUTURO MEJOR?


(hoy, en plena crisis, cuando se levantan voces a favor del decrecimiento, cuando no se ve que el capitalismo productivista tenga futuro, es el momento de reivindicar otras visiones del pasado lejano para aprender de él, por supuesto, en parte, en lo positivo, en lo rescatable)


El filósofo norteamericano John Zerzan, en su obra más conocida “Futuro primitivo” nos descubre otra visión de la historia de la humanidad que nos puede hacer reflexionar sobre muchas cuestiones, una de ellas sobre la sexualidad y la relación con la salud.
La historiografía occidental burguesa dominante y primera inventora de la Historia, ha transmitido una versión violenta, salvaje, animal de la prehistoria, rigen de todo mal, de bajas esperanzas de vida, de violencias entre géneros. Una época negra, tortuosa de permanente cambio nómada, de largas caminatas entre la nieve cargando fardos de pieles, con hambre y frío. Las mujeres son agarradas por el pelo, arrastradas hasta las cavernas para ser violadas una y otra vez, pariendo constantemente y enterrando a sus bebés e infantes que sucumbían ante la carencia de medicinas.
El autor mencionado nos explica otro panorama muy diferente, apoyándose en datos antropológicos y paleontológicos, a los que podemos unir un sentido de la lógica y otra manera de mirar el pasado, si sabemos vencer la perspectiva liberal de la Historia, según la cualquier todo va mejorando en una línea continua ascendente, siendo nuestra situación, la del occidente industrializado blanco capitalista desarrollado, la mejor de las posibles.
En un planeta dotado de recursos naturales por doquier, donde la el agua manaba por mil lugares, la caza era abundante, la pesca extraordinaria pero, aún más, los frutos silvestres estaban a la espera de ser agarrados y comidos, no era necesaria la guerra ni la violencia para subsistir. Ese supuesto sentido animal agresivo que tendrían los primeros humanos no encaja con el aumento permanente de población, con el hallazgo de nuevas utilidades de los materiales de la naturaleza. Sólo hay que verlo en el mundo animal, pues incluso en las especies más territoriales es mucho más habitual el tiempo de paz, de tranquilidad, de concentración en la supervivencia, que las luchas o peleas violentas. La humanidad primitiva no era violenta, no se encuentran armas en las tumbas, no hay signos de muertes infringidas. Por otra parte, cada vez está más claro que la inteligencia y posibilidades adaptativas de aquellas mujeres y hombres eran iguales, si no superiores, a las de los actuales.
Los frutos silvestres eran abundantes y sabían perfectamente sus usos alimenticios, medicinales, instrumentales, siempre a la mano, mucho más que la captura de animales, que parece se hacía sólo en determinadas ocasiones. Por los restos encontrados la dieta añadía muy poca carne y pescado. Si las mujeres recolectaban los frutos igual que los hombres, ¿qué necesidad había de enfrentamientos?, ¿por qué una distribución radical del trabajo, si con unas horas al día las necesidades estaban cubiertas? Parece que las diferencias de funciones sociales no eran tan acuciantes y que no establecían jerarquías tan extremas como las actuales. Lo encontrado en los enterramientos paleolíticos y los estudios antropológicos diferenciales no nos indican grandes diferencias de mortalidad entre los dos sexos, ni grandes epidemias o problemas de salud graves. Que hubo selección en la especie es evidente, pero no que la vida fuera más dura ni más corta ni más desigual ni más insalubre está demostrado. De hecho, acercarse a culturas y grupos humanos que comparten hoy en día modos de vida anteriores a la agricultura nos lo corrobora.

Las discriminaciones surgen más tarde, cuando la acumulación del fruto de la agricultura y el deseo de controlar territorios para su cultivo provocan jerarquía, división sexual del trabajo, sobreexplotación laboral, y todo lo que sabemos y que llega a nuestros días. Durante unos millones de años, y hasta hace quince o diez mil años (antes de ayer en la historia de la humanidad), los hombres y las mujeres convivían pacíficamente, salvo raras excepciones, en un planeta limpio, diverso, fructífero, generoso. Las culturas eran simples adaptaciones a la naturaleza. Unos grupos con veinte personas y otros con mil, unos con pieles y otros desnudos, unos con utensilios de hueso y otros con utensilios de madera, según lo que la naturaleza les brindase, una naturaleza con la que se identificaban, que compartían con plantas, animales y materiales que no les interesaba agotar o malgastar. Mujeres y hombres en una relación de interdependencia que impedía una sumisión total o una norma de violencia entre los mismos.Quizás debiéramos estudiar, leer, profundizar más en estas ideas, en esta visión diferente del pasado primitivo. No se trata de querer volver a aquella larga época, pero quizás sea interesante unirlo con otras tesis pacifistas, ecologistas, igualitarias, indigenistas, para fraguar un nuevo presente, para olvidar este etnocentrismo y autocomplacencia con nuestro sistema (sólo hay verlo en estos tiempos de “crisis”) que nos ha llevado a la situación actual de discriminación sexual, problemas de salud, desigualdades sociales y geopolíticas.

domingo, 26 de abril de 2009

IGUALDAD PARA TODAS. IGUALDAD PARA TODOS


(Tan cerca del 14 de abril, día de la república española, se evocan los valores republicanos de igualdad, libertad y fraternidad aún más fuerte. Sobre la igualdad entre mujeres y hombres)

Cuando hablamos de igualdad de género, de las medidas tomadas, de los avances en nuestra sociedad en este sentido, parece que el camino ha sido más largo de lo que es, que siempre hemos estado como ahora, que ha sido un recorrido largo, antiguo, consolidado, ejemplar, referente en el planeta y que todo el mundo debe emprender. Sin embargo, sólo hace falta echar un vistazo a la historia de la legislación por la igualdad para ver que estamos realmente “en pañales”, recién dando los primeros pasitos, y ser concientes de la situación real para tener que reconocer que apenas se ha comenzado en ciertos sectores a vislumbrar algún cambio real.
Pero además, en este proceso, probablemente inconcientemente o priorizando las emergencias, se han centrado las intervenciones sociales y públicas (pues apenas ha habido en el mundo de lo privado, de la gran empresa) en la mitad de la población, en las mujeres. Parece lógico que si queremos resolver un problema social con una parte de la sociedad, sea la mitad, la décima parte o las tres cuartas partes, ese sector sea el protagonista. Sin embargo, el problema de la desigualdad no es sólo cosa de discriminación de las mujeres, es un asunto general que nos implica a todos y todas, que nos perjudica globalmente, con el que perdemos en todos los ámbitos y en todos los grupos o colectivos sociales. Y eso apenas nos lo han contado.
Han sido y son hombres habitual, general y masivamente los que generan mayor desigualdad y discriminación a las mujeres, por no hablar de acoso, violencia, marginación en sus grados más extremos y perversos. Y eso ha llevado a apuntar a ellos para reprimir esas conductas, esas actitudes, esos comportamientos. Probablemente hay que continuar haciéndolo, y también hay que dar un paso adelante.
Hay una buena parte de los hombres que se posicionan a favor de la igualdad sexual, unos por razones morales y solidarios, otros por convencimiento académico o científico y otros por pura utilidad social, pero hay un gran sector, probablemente mayoritario, que no se posiciona. En la vida cotidiana bromea de manera machista si ése es el ambiente creado, no milita en movimientos por la igualdad (ni en otros) pero, llegado el caso, declara abiertamente su creencia en la igualdad y rechazo los comportamientos sexistas extremos. A ese colectivo deberían ir dirigidas acciones específicas de sensibilización, concienciación y propuestas de actuaciones en sus propios ámbitos.
¿Qué pasaría si en una serie de televisión, publicitada masivamente, nos presentaran, en vez del superhéroe masculino que salva a las escotadas y débiles mujeres, a un modelo de hombre sencillo, que trata de igual a igual a los personajes femeninos, que se deja ayudar por unos y por otras, que expone con facilidad sus emociones, miedos y sentimientos, que se hace corresponsable del cuidado de su familia y de sí mismo, sin necesidad de ser viudo, separado o divorciado? ¿Y si hubiera, además de debates de los representantes políticos parlamentarios (“curiosamente” todos hombres), en prime time, un debate sobre las ventajas globales y generales, para todo el mundo, de la igualdad entre géneros, más allá de las cuotas legalmente establecidas y generalmente incomprendidas? ¿Y si se corrigieran los contenidos y expresiones sexistas en todos y cada uno de los documentos oficiales y privados para incidir en la igualdad, especialmente los más publicitados y visibles, pidiendo la firma del padre y de la madre, tutor y tutora (de lo dos, no sólo de uno, pues se trata de co-responsabilidad) para autorizar la asistencia a una excursión o preguntando sobre la necesidad de guardería, ludoteca o ayuda a domicilio para participar en una reunión? ¿Y si nos enumeraran claramente las exigencias y desventajas que trae consigo la desigualdad a los hombres en carteles, anuncios, cartas, publicidad, etc., no en el sentido de “los ricos también lloran” sino en la estricta realidad, en términos reales y cotidianos, tampoco como una cesión por bondad o solidaridad, sino como una clave para el avance de todo el mundo, mujeres y hombres?

Las leyes no servirán de nada si no entramos en la vida cotidiana de la sociedad, de cada uno y una, del hombre igualitario, de la mujer machista, de las víctimas de la desigualdad y de los beneficiados de la misma.

miércoles, 11 de marzo de 2009

8 DE MARZO Y 11 DE MARZO: PACTO INTERGÉNEROS EN UN PACTO MULTICULTURAL

(8 de marzo, día internacional de las Mujeres y 11 de marzo, aniversario del atentado de Madrid tras la entrada de España en la guerra contra Irak)

El día internacional de las mujeres, el 8 de marzo, está plagado de notas, artículos, comentarios sobre la situación de la población femenina, sobre la justa y necesaria reivindicación de la igualdad de género y contra la discriminación sexual.

En primer lugar, quisiera hacer una propuesta de cambio del discurso. No me refiero en esta ocasión a terminar con el uso del lenguaje sexista, absolutamente extendido, anquilosado y necesario de revisión, sino a la necesidad de utilizar otro tono de cercanía entre los mundos femeninos y masculinos. Expresiones, tomadas de un excelente artículo de Elena Simón titulado “Feminismos de ayer y de hoy”, tales como “comunicación entre iguales”, “reconocimiento mutuo” o “pacto intergéneros” simbolizan ese impostergable acercamiento y evocan al acuerdo y al trabajo conjunto, más que a la simple solidaridad o empatía.

En segundo lugar, siguiendo el escrito mencionado, el reconocimiento al carácter de impertinente (por molesto al régimen patriarcal imperante), insurgente (por nacer desde el interior del propio sistema) y subversivo (por querer dar la vuelta al status de discriminación padecido) de los movimientos feministas. En estos tiempos de unipolaridad y “centrismo” en los planteamientos políticos, se hacen imprescindibles las palabras directas, expresiones determinantes, aunque pudieran ser tachadas de radicales y extreminstas. Mucho tenemos que aprender, desde otros movimientos emancipadores o libertarios, de esta impertinencia, insurgencia y subversión.

En tercero, hay algunas cuestiones que planteo a la reflexión e incluso a la reacción.

Los movimientos antipatriarcales, los feminismos, profeminismos (de hombres), la lucha por la igualdad de géneros, no pueden ser corrientes aisladas, particulares, inconexas. No pueden creer que levantan más ampollas que cualquier otra teoría emancipatoria. Este planteamiento tan extendido roza el victimismo. Es necesario mencionar que los procesos de liberación, los pensamientos críticos, los movimientos insurgentes siempre provocan enfrentamiento, lucha, resistencias, no sólo la lucha por la igualdad de género, sino cualquier otra de este calibre. Se echa de menos la alianza de los movimientos emancipatorios, sin perder su identidad ni dispersar esfuerzos, sin renunciar a su propia agenda ni anteponer luchas o estrategias con otros fines, pero, en ocasiones y globalmente, se hace necesario unir fuerzas en objetivos que nos liberen a toda la humanidad, sin caer en la discusión sobre qué lucha levanta más ampollas o cual un poco menos.

La segunda cuestión, y ahora entro en la relación entre el 8 y el 11 de marzo, es el tratamiento de la igualdad de género y de otras visiones culturales o, mejor dicho, el paradigma de partida ante las diferencias culturales. El pensamiento dominante plantea que la única diferencia entre culturas, respecto a la igualdad, viene dada por el grado de intensidad que tienen respecto a las reformas y cambios desde las tradiciones hacia los derechos, desde el autoritarismo hacia la democracia. Se describe así una única línea ascendente que va de las tradiciones a los derechos, identifica tradiciones con autoritarismo y derechos con democracia. Es un paradigma positivista, racionalista, eurocéntrico que parece negar el pluralismo cultural, esa heterogeneidad de cosmovisiones que tanto nos gusta enunciar en occidente, pero que en la práctica es tan difícil practicar. Sé que es tema espinoso, pero he tenido la ocasión de vivir en lugares donde la cultura autóctona tradicional ha generado mayor grado de igualdad de género y menor de discriminación sexual, que en nuestra “avanzada e igualitaria” democracia occidental. Tradición no es igual a autoritarismo per se, y mucho menos derecho es democracia. En ningún caso podemos ser tolerantes con prácticas discriminatorias, pero ni tradicionales ni modernas, ni europeas ni extraeuropeas. Tenemos que ser más exigentes y aplicarnos la autocrítica. No podemos permitirnos dar lecciones de igualdad de género, y menos desde esta España que hasta antesdeayer vivía en la más profunda de las oscuridades discriminatorias. Como ejemplo, fuera de nuestro país les llama mucho la atención la dureza de la violencia machista y el número de asesinadas por esta causa.

Se hace necesario un pacto intergéneros en un pacto multicultural. Luchar por la igualdad estableciendo alianzas entre movimientos de liberación, reconocidos como diferentes pero cercanos en el conseguir un mundo mejor. Cada cultura y subcultura, desde su interior, de manera endógena, debe establecer sus propias estrategias frente a las desigualdades y la discriminación sexual, con el concierto y el apoyo solicitado de otras, apertura a alternativas, deseos de aprendizaje y mentes deseosas de conocer las prácticas de quien está al lado.

lunes, 2 de marzo de 2009

EL PP GANA EN GALICIA Y SE MANTIENE EN EUSKAL HERRÍA

(se han celebrado elecciones en las comunidades autónomas de Galicia y País Vasco-Euskal Herría, con unos resultados considerados positivos por el Partido Popular - PP, conservador, de derechas. Este es el comentario que me suscita el resultado electoral)

Si el PP presentase alternativas a la crisis, entendería que gane en Galicia y se mantenga en Euskal Herría.
Si en la campaña electoral el PP hubiera destacado por una nueva estrategia de conexión con la ciudadanía, entendería que gane en Galicia y se mantenga en Euskal Herría.
Si internamente el PP presentase un partido unido, uniforme, fuerte y el resto de las opciones posibles tuvieran pendiente resolver acusaciones de corrupción, escuchas telefónicas o luchas por el poder, entendería que gane en Galicia y se mantenga en Euskal Herría.
Si en las comunidades y los ayuntamientos en los que gobierna el PP la situación fuera sustancialmente mejor que en los demás, entendería que gane en Galicia y se mantenga en Euskal Herría.

Pero si no es así, ¿por qué no presenciamos un auténtico debacle electoral del PP con la emergencia de nuevas opciones políticas, de fuerte impacto en esos parlamentos autonómicos (no me refiero a conseguir un escaño, llegar a cuatro, o, haciendo mil sumas, conseguir otra cara en la presidencia, pues en esos casos dudo del impacto)?

Inevitablemente, me hace recordar una conversación mantenida hace unos días en la que analizábamos la situación actual y en la que advertimos el peligro de posiciones ultraconservadoras, neofascistas, racistas o xenófobas en tiempos de crisis y depresión.

¿Seremos capaces de articular una alternativa ilusionante, clara, vital, integral, que abra un nuevo escenario, que frene tentaciones autoritarias, que dé luz en tiempos de oscuridad? Pongámonos manos a la obra.

jueves, 26 de febrero de 2009

CARNAVALEANDO EN TARIJA (Y 5)

El domingo, la atención estaba centrada en el corso, pero el lunes era el día de la participación más popular y las fiestas en cada calle: son las chamuyadas. También le dicen mojazón general. Las calles son cortadas por los vecinos con ruedas de auto, latas o sus propios vehículos, cortando impunemente el tráfico, ya sea una calle principal, secundaria, plaza o jardín público. La ciudad se cuartea al gusto y capricho de la gente que organiza sus fiestas al aire libre, ante todo el mundo. Se lanzan agua con valdes (cubos), con chisquetes (pistolitas de agua), jarras, las manos, pateando un charco, o con una manguera sacada de la casa, cualquier cosa es buena para mojarse y mojar. Es verano, hace calor y el alcohol y el baile también compensa el posible frío que puedas pasar. Cada quien que se atreva a pasar cerca es mojado, especialmente si es joven y más si es chica. Los amigos que se reúnen alquilan equipos de música potente, sacan mesas al asfalto, cerveza, vino y chuflay (cóctel hecho con azúcar, gaseosa, hielo y singani –destilado de uva de alta graduación). Se invita a los vecinos cercanos para evitar protestas o enfados y promocionar la amistad. Se bailan sin parar salsas, cumbias, villeras, rueda chapaca, huaiño, todo lo que tenga buen ritmo, rápido y animado. Mientras se bebe y se danza se moja, se arroja agua masivamente, olvidándose de la cartera que se le olvidó en el bolsillo, que el reloj no es acuático o que la polera (camiseta) se transparenta demasiado. Es tremendamente divertido, aunque se da el abuso del alcohol, del consumo desmesurado de agua y del colapso del tráfico urbano.
Por supuesto, nosotros participamos en una chamuyada cerca de casa, nos empapamos hasta la médula, bebimos justo al límite de la decencia, bailamos sin pudor y celebramos la fiesta. La sorpresa era ver cómo una de las calles de paso fundamental norte sur de la ciudad era seccionada por un grupo de no más de quince personas que se divertían de lo lindo sin temor a intervención policial, multa o recriminación social alguna. No hay foto del momento, por motivos obvios y por no tener cámara subacuática.

El martes es el último día del Carnaval y se celebra en familia, en el campo, en casa, sin embargo, tiene una clara imagen para el foráneo: la ch´alla. Es algo así como una bendición, la petición a la Pacha Mama (la Madre Tierra) de un futuro propicio, positivo. Se ch´alla la casa, el negocio, el terreno, el auto, todo aquello que consideras importante en tu vida para vivir bien, para evitarte problemas. Es habitual ver los coches con serpentinas, globos colgados, cubiertos de papelillos y a veces se les rocía de alguna bebida valorada, cerveza o chicha. En ocasiones casi tapan el parabrisas, pero no por ello te van a multar o llamar la atención la policía, es la costumbre, circulas más lentito y ya está. También pueden verse las casas engalanadas, más si son nuevas, y si esa familia está más cerca del mundo andino se realiza una q´oa, un saumerio con hierbas aromáticas y miniaturas que simbolizan tu deseo o petición a la Pachamama, cochecitos de juguetes, pequeñas maquetas de casas, un título universitario pequeñito, un fajo de billetitos de dólar, un avioncito o una maletita que simbolice viajes. Junto al auto, la casa, el negocio, el espacio a ch´allar se hace una fiesta, se hace una parrillada (barbacoa), se bebe bastante y se comparte con las amistades, los compadres y comadres, familiares, vecinos, con quien quieres compartir este momento importante, pues difícilmente olvidas cuándo ch´allaste tu vivienda, tu terreno, tu peluquería, tu despacho o tu taxi.

CARNAVALEANDO EN TARIJA, BOLIVIA (4)

Pues si el jueves fue el de compadres, el siguiente, es el de comadres. Mucho habíamos oído hablar de este día: es el día en el que las mujeres mandan, los grupos de mujeres se apoderan de la ciudad, hay una chupa (borrachera) general de las mujeres, un desmadres (nunca mejor dicho) generalizado, etc, etc. Bueno, no fue para tanto. Un día divertido y diferente, muy agradable y festivo.
Este jueves, igual que el anterior, comienzan a oirse los cohetillos desde la mañana y a verse personas, sobre todo mujeres, con sus canastas de comadres, que son montadas igual que las de compadres. El agua es también protagonista de la jornada, como todas las anteriores. A Amalia la hicieron comadre dos buenas amigas y Jesús y yo hicimos comadre a las dos amigas que nos hicieron compadre el jueves anterior, devolviendo la canasta y consolidando el compadrazgo.
La diferencia la establece la Gran Entrada de Comadres. Numerosos grupos de mujeres se organizan vistiéndose con los trajes tradicionales o sus versiones más o menos cercanas. Se trata del sombrero de chapaca, tipo bombín achatado de colores suaves, verde agua o amarillo dorado sobre todo, la blusa de tocuyo o tela blanca con muchas flores bordadas de colores, la pollera ajustada a la cintura por encima de la rodilla y las ojotas, sandalias planas negras o marrones de tiras cruzadas. No puede faltar una flor en el pelo y algunas llevan su manta, que llaman al mantón de Manila con flecos y bordado, blancos y de colores llamativos. El baile es de pasos repetitivos y sencillos, pero con movimientos graciles hacia uno y otro lado que mueve mantones y faldas. Las manos a la cintura o sosteniendo la canasta de comadre en el lateral o sobre la cabeza.
Van saliendo lentamente grupo tras grupo, identificados con un nombre simpático y creados en los barrios, en lugares de trabajo o simplemente grupos de amistad. Unos con quince o veinte mujeres y otros llegaban a doscientas.
Mientras ellas salen en su pasacalles por una de las avenidas principales más anchas cientos de personas, familias, y por supuesto hombres, las ven pasar con admiración, pero sin grosería ni la chabacanería que podría haberse dado en un acto de exposición únicamente femenina. La lluvia fue la única que estropeó el acto, aunque apareció en las últimas horas afectando a los grupos más rezagados.
Amalia salió en el grupo de las “hormiguitas trabajadoras”, uno de los más respetuosos con la tradición, sin versiones modernizadas de la indumentaria ni del baile, donde predominaban compañeras campesinas, algunas de ellas muy duchas en llevar la canasta sobre el sombrero sin necesidad de ser sostenido por su mano. El baile, a ritmo de erque, natural y continuado.

Ya llevamos casi tres semanas desde el primer acto de anuncio del carnaval, días de agua, de fiestas, de pasacalles y de trabajo a la vez, tanto para los que aprovechan para ganar unos pesos como para la práctica totalidad de la clase trabajadora que no goza de permiso para disfrutar. Sólo los niños y universitarios están sin clases, aunque muchos de ellos deben también trabajar para apoyar la economía familiar. Es una sensación extraña, casi todos se divierten y trabajan casi a la vez, pues mientras se celebra una de las actividades tradicionales del Carnaval los comercios, empresas, talleres, campos, granjas, carreteras siguen en plena actividad laboral.

Sin embargo, el Carnaval, los días importantes del Carnaval, aún no han llegado. El primero es el día 3, el domingo de Carnaval. El corso de mayores supone la fiesta principal de la ciudad. Grupos disfrazados salen en un largo pasacalles, con la más extraordinaria heterogeneidad, soportando que le echen chorros de agua y de espuma, a la vez que la población los admira y, a veces, les aplaude a su paso. Casi todo vale, ir sobrio o ebrio, con traje tradicional o de fantasía, hombre o mujer, niños, jóvenes, adultos o ancianos, haciendo propaganda de una marca, un restaurante o un pueblo, a caballo, en moto, con camión a modo de carroza o a pié, en pequeño grupo, solo o en gran comparsa, con crítica política o sin ella, con música tradicional o carnavalera, lo único indispensable es el buen humor, las ganas de divertirse, la ausencia de vergüenza y sentido del ridículo, y bailar, eso sí, pues si no bailas la gente lo pide a gritos, lo corea hasta iniciar el movimiento. Hasta un policía de servicio puede parecer un motivo de chiste y risa. Los grupos más destacados nos parecieron los que iban disfrazados de Evo y Hugo Chávez, con megafonía que imitaba al presidente, los moteros cincuentones argentinos, grupos folklóricos venidos de Cochabamba, los piratas del caribe, pero sobre todo, como cada año, los reclutas. Son esperados por su originalidad y energía en el baile. Los y las soldados que hacen el servicio militar ensayan sus movimientos y gritos, se hacen sus disfraces, este año de superman, de spiderman, de la masa, de negros timbaleros, se pintan la cara y gran parte del cuerpo, hacen teatros y pasos simpáticos. Toda esa preparación la realizan en el tiempo de cuartel, entendiendo esta participación como forma de divertir a la gente, a la vez que rompe el esquema marcial, distante y rígido del ejército.

CARNAVALEANDO EN TARIJA, BOLIVIA (3)

Y soltaron al Diablo. El mismo sábado por la tarde, el mismo día de la elección del rey y la reina del Carnaval infantil, en la plaza principal que lleva el nombre del conquistador sevillano que fundó la ciudad de Tarija, Luís de Fuentes. En un recorrido pequeño, de solo dos laterales de la plaza, comenzaron a pasar las comparsas disfrazadas unas del traje típico de chapacas y chapacos y otros de Dios sabe qué, bailando y saltando. No fueron más de seis o siete y algunas con el acompañamiento de un camión adornado a modo de carroza. El diablo brincaba de un lado al otro, mientras los chiquillos, y no tan chiquillos, le lanzaban espuma y agua. Mucha espera para un espectáculo corto y muy muy sencillo.

Desde ese día se acrecentó el peligro de mojada en las calles. En cualquier momento y lugar, de día o de noche, con calor o con frío, en un barrio o en el centro urbano, andando o en un transporte colectivo con la ventanilla abierta, puedes ser víctima de globos o chorros de agua desde la otra acera, una azotea o directamente por la persona que contigo se cruza e la acera. Con toda impunidad y descaro. No importa si llevas objetos delicados, documentación, el teléfono móvil, tu cámara no sumergible o el reloj no acuático. Víctimas habituales son las muchachas jóvenes, y agresores seguros niños y adolescentes, con lo que el tinte sexista es especialmente llamativo. No faltan chicas que lanzan también agua o muchachos mojados por la calle, pero es mucho más normal ver a las muchachitas empapadas o llenas de espuma. Algunas se ríen, otras no.

El siguiente jueves fue el “jueves de compadres”. Esto de los compadres es realmente curioso e interesante. Comienza la mañana con un pasacalles folklórico, que llaman entrada de compadritos, en el que niños y niñas, vestidos con los trajes típicos, danzan en un recorrido establecido ante toda la ciudad. Colocan para ello unas sencillas gradas y las autoridades asisten y se dejan ver, dando un carácter oficial y social de mayor importancia. Después de las habituales casi dos horas de retraso, los grupos van saliendo tratando de ser lo más fieles a la tradición y a la vez lo más originales posible. Como incentivo hay premios, pequeños, pero que animan a la participación. El baile es sencillo, a ritmo de erque, en dos filas haciendo dibujos al danzar. En medio el erquero y delante dos de los participantes con la taba. Es un juego campesino tradicional en el que se lanza a una determinada distancia, que no va más de los diez metros, una vértebra de buey sobre una masa de barro. Según como caiga, con la vértebra hacia arriba, abajo o en el lateral, puntuará más o menos. Se marcan los puntos arañando una teja. Jesús salió con su grupo, vestido con el traje y sombrero tradicionales.

Se les llama compadres y comadres a los padrinos y madrinas de bautizo de los/as hijos/as, como estábamos acostumbrados, pero también puedes hacer compadre a un amigo especial, a un compañero de trabajo, a un vecino, a un camarada de juergas, a un recién llegado a quien quieras agasajar. El procedimiento es muy bonito. Ese jueves anterior al Carnaval vas a la casa de la persona a la que quieres hacer compadre, llamas a su puerta, lanzas petardos (cohetillos le llaman acá), le entregas una canasta con (por este orden de abajo a arriba) flores, albahaca, que da suerte, un pan dulce (torta le dicen), pastas (masitas serían), suspiros (esos dulces de azúcar), caramelos y piruletas (dulces), verduras de la temporada (como mazorcas de maíz –choclo-, calabazas pequeñas –zapallitos-, pimientos, ajís –pimientos picantes-, lo que puedas), fruta de temporada (indispensables las uvas y los melocotones –duraznos-, también mangos, higos, mientras más mejor), que simbolizan deseos de abundancia, y todo ello coronado con muchas serpentinas y banderitas de colores clavadas en el pan. Es colorista y muy vistoso. Mientras más completa y más grande mejor. Se la das a quien quieres hacer compadre, mientras lo engalanas con serpentina alrededor del cuello y le echas papelillos de colores (mixtura es su nombre), mejor si se lo insertas en su pelo a montones. Le llevas cervezas frías y brindas con él. Ya es tu compadre.

Puede hacer compadre a otro un hombre o una mujer, y ya sabes que se establece una relación de casi hermandad. Dicen que si un hombre tiene un sentimiento de amor de pareja con respecto a una mujer, si ésta le lleva una canasta él se la rechaza. Igualmente puedes rechazar la canasta si esa persona no te simpatiza, pues no es obligatorio recibirla y hacerte compadre con una persona indeseable. Esto de los compadres es muy serio. Desde ese día se llaman uno al otro compadre. Así que como cada año te hacen o haces compadre a unos cuantos amigos. Media ciudad se llama uno a otro compadre. Para consolidar el compadrazgo al año siguiente el que fue elegido compadre deberá “devolver” una canasta a quien lo eligió. En caso contrario queda frustrado el intento. Igualmente se pueden reforzar compadrazgos de hace años entregando nuevas canastas. Esto se hace desde pequeñitos, habiendo compadritos desde los cuatro o los cinco años, lo cual es un orgullo aún mayor, aunque, teóricamente, limita las futuras relaciones de pareja.

El jueves de compadre, desde temprano, comienzan a oirse por toda la ciudad lo petardos y vas pensando “ya han hecho compadre a uno”. Ves a gente con canastotes por la calle, en el micro, en un taxi o en un vehículo particular. Unos son grandes y otros más pequeños, unos abundantes y otros más escuetos, todo depende de tu poder adquisitivo, de tu habilidad para conseguir los componentes y de tu cariño por tu nuevo compadre. Las calles adyacentes al mercado central son cortadas al tráfico y se llenan de puestos ofertando los elementos de las canastas o las canastas ya armadas, a diferentes precios y calidades. De nuevo, como cada día, el espíritu emprendedor, comerciante y microempresarial boliviano se adueña de la ciudad y en casi en cada esquina hay quien vende duraznos, serpentinas, cohetillos, cervezas o canastas.

El día se corona almorzando o viéndose en el que llaman Campo de los Compadres, un espacio abierto, junto al río (llamado Guadalquivir, nombre esto por el susodicho conquistador sevillano probablemente), donde la Alcaldía ha colocado un escenario que ofrece música y actuación, mayoritariamente improvisada, de gente que se ofrece a subir y cantar ante todo el mundo en ese momento. Decenas de personas han colocado un puestecito donde ofrecen comida (cerdo –chancho-, ají de pollo, saice,…) y bebida (refrescos –soda se le dicen a todos, sea cual sea su sabor-, cervezas, vino, pero sobre todo chicha, mucha chicha –fermento de maíz con baja graduación pero que llega a embriagar si tomas mucha-, que se sirve en unas ollas de barro y se toma con una mitad de calabaza seca única que se va llenando y pasando de unos a otros –un mate le dicen-). Todo ello bajo una sombra hecha con un plástico y unos palos, entre los eucaliptos, sin uniformidad, aunque formando calles. Cientos de personas, muchos de ellos niños y niñas, pululan por el recinto vendiendo cervezas, sprays de espuma, empanadas, y mil cosas más. De nuevo, la necesidad y el sentido comercial de la gente surje, pues no se puede desaprovechar la oportunidad de ganarse unas monedas en este día, mientras otros se divierten. Inevitablemente, ya que se necesitan referencias vividas para aprender y entender nuevas cosas, el ambiente recuerda muchísimo a la Feria de Abril: aglomeración, alegría, gente comiendo y bebiendo, unos cantando tonadas (coplas quejumbrosas, aunque con temas irónicos o de amores, que se me antojan similares a fandangos, a veces en contrapunto, es decir, contestándose uno a otro ante un círculo de amistades risueñas y atentas a la ocurrencia y la creatividad), otros bailando (lo típico es la rueda chapaca, cogidas quince o veinte personas de las manos y corriendo en círculo o haciendo curvas al ritmo monótono del erque –instrumento hecho de un cuerno de toro y pipeta de caña-) y hasta algunos caballistas. Supongo que algo parecido debió ser la Feria de Sevilla antiguamente, antes de las lonas inífugas, la urbanización del recinto ferial, los pagos por caseta, la privatización de muchas de ellas, el asfalto en las calles, la ocupación del espacio de caballos por la oligarquía sevillana, etc….aunque en Tarija no faltan los equipos de música de última tecnología a todo volumen, la coca cola por todos lados, la cerveza de importación y un consumismo propio del siglo veintiuno.

El ambiente, fuera de la denominación “día de los compadres”, es muy familiar y nada exclusivo para hombres. Hay niños y niñas, se llevan a los bebés, van personas mayores y se ríe, consume y disfruta la fiesta desde la hora del almuerzo. Es habitual que un vecino o un conocido lejano te llame desde lejos para invitarte, o que te agarren de la mano para hacerte bailar. Se conversan temas agradables, se presentan unos a otros con cariño y muestran a los nuevos compadres con orgullo. Al ir transcurriendo la tarde, el alcohol va causando efecto y se van viendo más borrachos. Al acercarse la noche, sobre las seis o algo más, se van retirando las familias, quedando mayoría masculina, el clima se va haciendo más denso y las relaciones más difíciles. Los enfados se van multiplicando, la embriaguez se extiende y surge algún que otro enfrentamiento, también en eso me recuerda a la Feria de Sevilla o cualquier feria en Andalucía. Pero hay una gran diferencia, antes de oscurecerse la policía municipal desaloja el recinto y manda a cada uno a su casa. Se cierran los puestos, se prohíbe vender más alcohol, se sacan a los comerciantes, se despiden a los caballistas, y se da por concluida la fiesta, antes de las ocho de la tarde. Desde luego cada cual es libre de seguir bebiendo en otro lugar o de continuar la fiesta en un local o en una casa particular, pero esta intervención municipal es bien acogida por evitar males mayores y diluir el peligro de una gran cantidad de peleas, borracheras y otras dificultades. ¿Se imaginan las protestas, sobre todo de grandes comerciantes, si en Andalucía se hiciera lo mismo? Ya veo los titulares: “cientos de miles de euros se pierden por el cierre temprano del recinto ferial”, “son medidas contra la libertad individual”, “el sector vitivinícola en peligro, serán necesarias ayudas estatales para contrarrestar la medida”, “la cultura y la fiesta en peligro”, etc, etc.

Por supuesto, nosotros vivimos la fiesta lo más intensamente posible. Nombré a un buen compañero compadre y otro amigo y otra amiga me hicieron a mí. A Jesús también lo hizo compadrito un amigo y una amiga, y salió por la mañana en el pasacalles folklórico. En la casa hubo varias canastas, comimos y bebimos a gusto y pasamos un día de lo más agradable.

CARNAVALEANDO EN TARIJA, BOLIVIA (2)

Desde mediados de febrero o antes los niños comienzan a ensayar. Amiguetes por la edad, hijos de amigos y compañeros de trabajo, sin necesidad de anuncios en el periódico, ni publicidad, ni llamadas telefónicas, los chiquillos se avisan que se está organizando un grupo folklórico para salir a bailar en Carnaval. Aparte de las academias de baile, más elitistas y perfeccionistas, por no decir privadas y costosas por la cuota a pagar y los trajes a usar, se arman en los distintos barrios grupos de niños y niñas, y de mujeres también, que ensayan para salir en una comparsa. La alcaldía incentiva esta costumbre con pequeños premios por el número de personas, la gracia en el baile, la originalidad, la fidelidad a la tradición, etc., suficiente para animarles a hacerlo bien, lo mejor posible, y tratar de conseguir uno de estos trofeos para comprar camisetas con el nombre del grupo, cohetes para festejar o petardos para animar. Los jóvenes que lideran estos grupos y que enseñan a los pequeños a bailar pacientemente, día tras días, ya en la noche, lo hacen voluntariamente, sólo por el orgullo de aportar a la fiesta. El coste de inscripción es cero, a pesar que es necesario un pequeño equipo de música y los discos correspondientes para el ensayo. Sólo hay que contar con el coste del traje, el típico de las ojotas (sandalias sencillas de charol), el pantalón oscuro con una cinta llamativa cosida en los laterales (que puede servir el del colegio, que siempre es oscuro), la camisa folclórica de tocuyo (lienzo moreno) con flores bordadas, el sombrero chapaco, la pañoleta y el chalequillo de colores brillantes.
Lo más interesante es lo generalizado de la participación, con grupos por casi todos los barrios, gente ensayando en la calle y muchas ganas de estar allí. En cualquier lugar encuentras un cable que sale de una casa, apenas cubierto por una tabla o un ladrillo, y que llega hasta un reproductor de música colocado en una acera ancha o una plaza. Con eso ya está toda la infraestructura montada, la financiación conseguida, los permisos concedidos, la personalidad jurídica legalizada. No puedo evitar recordar lo vivido en otros lugares con respecto a las asociaciones, a las convocatorias de subvenciones, a las quejas de los organizadores de actos culturales con respecto a la poca ayuda de la Administración, a las quejas de la Administración con respecto a un papel o un requisito que falta, etc, etc.
Y lo más importante es la gente, que haya gente, que no llegue demasiado tarde al ensayo, que nadie quede fuera por no poder comprar una parte de la ropa, que se consiga prestado esto o lo otro para que nada falte, que todo quede lindo y que se disfrute mucho. No hemos visto una mala cara, un enfado. El grupo era de unos sesenta, unos quince niños y cuarenta y cinco niñas, organizado por un solo impulsor, con la ayuda de algún familiar en ocasiones.
El baile no es difícil, una vez que coges el paso es repetitivo. Hacen un baile en dos filas que avanzan en línea y vuelven una y otra vez, al ritmo del erque. Luego, ya con música grabada, pero con un paso muy similar se interpreta la cueca. Es un baile en pareja, con dos partes, la primera y la “segundita”, y tres tiempos en cada parte, con contoneos entre el hombre y la mujer, y subidas y bajadas de brazos con extorsión de las muñecas…contado así parecen sevillanas. Algo se parecen. Los bailarines se acercan y alejan, se cruzan, bailan frente a frente y luego juntitos con el brazo de él por encima de ella y suele finalizar con el chapaco rodilla en tierra. Muy lindo.
El sábado, con cuatro días de ensayo, nos propone el “profesor” del grupo que Jesús, con dos chicos más, se presenten a la elección del rey del carnaval infantil. Le buscamos la ropa típica, que aún no la tenía, le insistimos en el paso a dar para el momento de salir al escenario ante todo el mundo y allá fuimos. Supongo que el pelo larguito y medio rubito habrá sido importante, así como la capacidad de relacionarse porque el paso aún no ha sido interiorizado.
Nos citaron a las nueve de la mañana en un parque donde se iba a celebrar el acto. Comenzaría a las nueve y media. Por supuesto a esa hora no había casi nadie. El día estaba agradable. Había llovido en la noche y había algunos charcos. El cielo estaba nublado, pero se abría de vez en cuando. Suficiente para no quemarnos a pleno sol ni mojarnos. El acto comenzó a las once, con los chicos desesperados. Hubo actuaciones, palabritas de varias autoridades, y fueron saliendo uno a uno niños para el concurso de disfraces. Debieron ser más de treinta. Luego una actuación folclórica. Posteriormente los candidatos a rey del carnaval infantil.
Jesús salió más bien serio, tratando de hacer el paso al ritmo del erque, con su sombrero en la mano. Daba saltos de un lugar al otro, se acercó al filo del escenario, hizo su semicírculo amplio, un poco rápido, y en la puerta de salida dio una vuelta y un brindis con el sombrero. Mientras tanto su grupo hacía “barra”, es decir, gritaba, le animaba, le nombraba, saltaban, hacían sonar sus silbatos,…muy bonito, realmente, pues la barra la componen chicos y chicas que no han sido elegidos para ser candidatos.
En total salieron unos quince niños de entre siete y doce años, Jesús era de los más pequeños. Luego las niñas, pero ellas eran cerca de cuarenta. Salían de una en una, alguna cantó algo, luego por tandas de diez. El acto se hizo tremendamente largo y cansado, ya hasta la emoción de saber el resultado se iba diluyendo y perdiendo. Llegó la hora habitual de comer en Bolivia, las doce, llegó la una. Las dos eran cuando leyeron el fallo del jurado. La elección de una reina, una princesa y una dama, un rey, un príncipe y un heraldo, pareció defraudar a muchos. Parece que fueron elegidos parientes del Consejo Municipal, venidos de academias de baile, y hubo quien protestó y gritó “fraude, fraude”, pero lo mejor es que acabó todo.
Jesús no había vivido con intensidad la competencia. No le dio tiempo ni nosotros le dimos nunca importancia, pero había chiquitos decepcionados. Probablemente, más contagiados por las actitudes de los adultos que por entender realmente la significación, o la poca significación, de lo vivido.
Curiosa experiencia la vivida. Lindo el ambiente y el día completo.

CARNAVALEANDO EN TARIJA, BOLIVIA (1)

Apenas han dejado de oirse los sones de villancicos y adoraciones cuando ya nos inundan los sonidos carnavaleros. Se conocen los Carnavales de Cádiz o de Santa Cruz de Tenerife en España, el de Venecia en Italia, el de Río de Janeiro de Brasil o, al menos en Bolivia, el de Oruro, sin embargo, el Carnaval Chapaco, el de Tarija, la verdad es que era totalmente ignorado por nosotros.
Lo que más llama la atención es lo participativo que es este Carnaval. Todos tienen su espacio, espacios comunes para todo el mundo y espacios específicos para cada grupo, para niños y niñas, para mujeres, para hombres, para campesinos y para citadinos. Otra cosa es su longitud en el tiempo, pues el primer acto fue el 14 de enero.
Ese día fue el anuncio del Carnaval. Un buen grupo de cuarenta o cincuenta caballistas llegaban de las comunidades y los pueblos del noroeste de Tarija hasta la plaza principal. La mayor parte son campesinos y campesinas con su mejor ropa, aunque muy similar a la de trabajo. Y también se une algún señoritingo en su bello equino luciéndose y saludando a sus amistades que lo admiran, pero la verdad es que son los menos. Esto parece que se mantiene como una tradición popular, aún no muy contaminada por la burguesía tarijeña. Algunos llevan sus erques, instrumentos musicales de viento hechos con cuernos de bueyes y boquillas de caña, que suenan de forma repetitiva en un ritmo continuado y tono grave y muy intenso. Otros tocan la caja, un pequeño tamborcillo que se golpea con una baquetilla con la misma mano con la que se sujeta la caja, claro, con la otra hay que agarrar las riendas del caballo.
Junto a los caballos se forman enormes hileras de veinte o treinta danzantes, con sus trajes típicos, bailando al son de los erques, saltando sin parar, cogidos de las manos, hombres y mujeres alternativamente, dibujando ruedas, espirales o curvas permanentes, que se hacen y deshacen constantemente.
video Es todo un espectáculo, que quien puede (pues es día laborable, aunque no lectivo) se acerca a admirar, aplaudiendo, comentando y disfrutando del espectáculo. No falta el vino, la cerveza, y, en el campo, antes de montar en el caballo, la chicha, ese famoso fermento de maíz de baja graduación, tan tradicional y ancestral como el mismísimo Tata Inti, o Dios Sol de los quechuas.

lunes, 23 de febrero de 2009

PLANETA GUANTÁNAMO


En agosto de 2007 el diario El Nacional de Bolivia me publicó este artículo de opinión. Hoy, en febrero de 2009, vuelve a tener actualidad la cuestión por dos motivos. Por un lado, porque parece que el nuevo Imperator Obama ha escuchado las voces que piden un cierre inmediato de las cárceles de Guantánamo, aunque no vaya a ser tan inmediato, ni suponga la devolución del territorio a su dueño, ni reparen el daño, ni nada de lo que se pide en este escrito. Y por otro, porque es motivo de preocupación la llamada realizada para encontrar dónde llevar los que hoy están secuestrados allí.
Nos venden un gran avance con el cierre de aquellas salas de tortura pero buscan otras nuevas, en otras partes del mundo, donde no se mancille suelo sagrado estadounidense, quizás en Morón o en Rota, pues nuestros gobiernos colaborarán así en la “lucha contra el terror”. Quieren olvidarse de su vergüenza para salpicarnos a todo el orbe con la misma ignominia, ¿quieren hacer de La Tierra una gran cárcel? ¿el planeta Guantánamo?



PLANETA GUANTÁNAMO

Es fácil recordar una de esas decenas de películas norteamericanas en la que en un futuro lejano un planeta ha sido destinado a cárcel, donde se desarrollan una gran cantidad de barbaridades, donde reina la crueldad, los seres humanos dejan de serlo y sacan lo peor de sí mismos , como si no hubiera otra cosa en ellos. Pero la llamada ciencia-ficción es, más que nunca, depravación-realidad.
Cuando se pasa por la carretera que bordea la base de Guantánamo, al extremo oriental de la isla de Cuba, camino de Baracoa, de playas extraordinarias y hospitalarias poblaciones, no puede uno imaginarse qué está sucediendo allá. Un buen trozo de tierra cubana fue arrebatado a la fuerza, y mantenido también a la fuerza, por la mayor potencia mundial para ser utilizada como basurero de sus propias vergüenzas.
No está justificada la ocupación territorial como estrategia de control de un área, y menos, cuando Guantánamo se encuentra tan cerca de las costas estadounidenses. Tampoco necesita ese país de espacios como el mencionado para instalar sus bases militares, por tantas que posee, y tan vasto poderío tiene en tierra, mar, aire y galaxias.
Quieren sus gobernantes un lugar donde sentirse fuera de las leyes internacionales, fuera de los tratados que tiene firmados a favor de los prisioneros de guerra, lejos de la vigilancia de sus ultrademocráticas instituciones, en las espaldas de sus sistemas internos de control sobre el gobierno. Han construido su propio planeta-cárcel donde poder torturar, vilipendiar, insultar, maltratar, vejar, violar, deshonrar, envilecer, deshumanizar a los que ni tan siquiera declaran detenidos, a los que no consideran prisioneros de guerra, a los que no han juzgado de ninguna forma, a los que les viene en gana.
Ni las denuncias de organizaciones que luchan por los derechos humanos, ni las insistencias de instituciones políticas internas y externas, ni las movilizaciones populares, ni las condenas internacionales, hacen doblar el brazo del ogro.
La “prepotencia mundial” exhibe su poderío sin tapujos, retiene a cientos de personas de diferentes nacionalidades y ni sus estados de origen pueden defenderlos.
La noticia es que el gobierno británico pide a EEUU que libere a cinco presos de Guantánamo, y es considerada de enorme importancia por lo que pueda suponer de giro de la política exterior de Londres con respecto a la de su hijo-amigo americano. Tan tímida es la respuesta del mundo ante tamaño despropósito. Tan suave es el tratamiento que se da a una de las mayores aberraciones que se dan en el planeta a primeros del siglo veintiuno.
Que cierren definitivamente la base militar de EEUU en Guantánamo. Que devuelvan ese trozo de tierra al pueblo cubano, al que nunca debieron robárselo. Que liberen a todos los encerrados en las cárceles ilegales. Que juzguen a todos los responsables de las torturas, vejaciones y detenciones ilegales. Que reparen el daño hecho y permitido. Que indemnicen a todas las personas afectadas. Que esto no vuelva a suceder nunca más.
Deben saber que no estamos dispuestos a permitir, no sólo que cinco presos que han residido en Gran Bretaña estén apresados en Guantánamo, sino que se mantenga esa aberración ante nuestros ojos ni un día más. Porque si llegáramos a aceptarlo o guardáramos silencio algún día podría tocarnos a cualquier habitante del mundo ser la víctima de tal injusticia llevada al infinito. Nuestra Tierra convertida en la cárcel-planeta de las películas, a las que nos tienen tan acostumbrados.

Vicente Álvarez Orozco
8 de agosto de 2007

miércoles, 11 de febrero de 2009

MAURITANIA, EL VIAJE SOÑADO (y parte 7)

Entrar en la gran ciudad con sus calles, su tráfico denso aunque fluido y el permanente adelantamiento de carros de burros, nos choca, después de días de arenas y veredas. En esta urbe no se ven aceras, se conduce a veces contramano y cada cual aplica su propia ley de la prioridad. Se toca el claxon pero no es habitual escuchar fuertes discusiones por la circulación. Los mercados que visitamos los siguientes días así nos lo corroboran. Diferente es la negociación para las compras, en la que se contraponen cifras una y otra vez. Nosotros, por el idioma, tenemos que delegar el regateo, pero somos testigos del pulso que a veces se hace largo y duro. No es tan dulce y lastimero como suele ser en Bolivia pero tampoco tan fuerte y agresivo como en Tánger, pero sí permanente y continuo.
A la playa se puede acceder en pocos minutos pero saliendo al norte de la ciudad puede encontrarse un trecho arenoso, limpio y recto realmente bello por solitario y salvaje. Los camellos, como siempre, pastan sueltos hasta el mar, con un cielo claro de tonos rojizos al atardecer. La estampa es idílica, así lo vivimos nosotros, sin molestia alguna, una pareja que recién llega y un francés que se hizo construir sobre la arena una casa de madera bellísima, aunque sencilla, desde donde escuchar el rumor de las olas.
En Nouakchott los contrastes en la población son llamativos. Esta ciudad, fundada como capital hace unos cincuenta años solamente, sobre las dunas junto al mar, ha atraído a gente de todas partes. Hay extranjeros europeos al calor de embajadas, organismos internacionales y empresas privadas, sobre todo franceses. También comerciantes sirios, marroquíes y de otras nacionalidades islámicas que vinieron a buscar una vida mejor. Pero los grupos más llamativos son los que llaman moros, ya sean más blancos o morenos de piel, de frente ancha, con turbante ellos y melafas ellas, y los que llaman negros, de pelo rizado, piel muy oscura, con mayor variedad de vestimenta. De ambos colectivos se ven individuos occidentalizados, pero quizás entre hombres negros se ve más el pantalón y la camiseta sin el babá ancho moro. El resultado es una imagen donde se cruza el joven de chilaba y cabeza descubierta de la mano de otro, la mujer alta y voluminosa negra de pañuelo en la cabeza y vestido ceñido de colores estridentes, el anciano moreno con babá azul de bolsillo delantero lleno de utensilios y turbante apretado y la chica envuelta en su melafa que solo deja ver pies, manos y ojos. La convivencia es aparentemente normal. Se vive en la misma calle, se comercia en el mismo mercado y se comunican entre sí sin dificultad visible, aunque no se ven parejas mixtas ni mestizajes claros.

Las playas cercanas están llenas de basuras, unas las trae el mar, otras el viento y muchas más son depositadas por las gentes y, sobre todo, por los camiones. Una lástima pues aún conservan su virginidad y belleza, además de ser una costa no explotada por el turismo depredador. Sí están llegando las urbanizaciones de casas adosadas que avanzan por el desierto como una epidemia hacia los cuatro puntos cardinales de esta capital. Algunos incluso dejan atrás los suburbios densamente poblados donde se suceden los habitaciones de lata, malas maderas, telas y plásticos en una miseria sobrecogedora. Las calles de tierra agujereada, cabras sueltas, niños desnudos y jóvenes aburridos se ven por todas partes. Todos son negros y no demuestran la supuesta alegría del pobre. Dispersos por el barrio hay mezquitas igualmente precarias, tiendas pequeñas y locales expendedores de agua, que, previo pago, se puede comprar. También se llenan bidones de petróleo sobre carros tirados por los maltratados y pequeños burros y se vende el líquido esencial en otras partes del suburbio. Se ven antenas de adormecedoras televisiones y cables eléctricos suspendidos en el aire pero no sabemos qué condiciones se viven en estas básicas infraviviendas hacinada junto a otras sin delimitación visible de espacios. También se pueden ver los viejos mercedes de taxi junto a niños pequeños, sucios y solos en medio del polvo.
El otro día conocimos a un extranjero que vive en Mauritania hace tiempo y nos hablaba de una clave aterradora para conocer el país: la desesperanza.
parte 7 y última
enero 2009