sábado, 23 de mayo de 2009

LA DIFÍCIL CORRESPONSABILIDAD DOMÉSTICA Y M/PATERNA


(sobre la igualdad entre mujeres y hombres)

Todo comienza desde bien pequeños/as. A las chiquitas planchas de juguete, cocinitas y juegos tranquilos, a los chiquitos balones, coches y juegos dinámicos. Al llegar a la segunda infancia, a los 7, 8 ó 9 años, cada cual hace su grupo sexuado, las relaciones entre ellas y ellos son menos cotidianas, las distinciones van agudizándose, las falditas y zapatitos van diferenciándose aún más de los chandals y las botas con tacos. Las muchachitas ven a sus mamás y las ayudan a las tareas de casa. Los muchachitos imitan a sus papás y comparten fútbol, televisión y telemando. Y ay de aquél que trate de romper el esquema pues pude ser discriminado, insultado o apartado del régimen establecido.
Cuando son adolescentes, ambos sexos disminuyen su participación en el cuidado de la casa y de los más dependientes de la familia, pues ya no es como antes que las jóvenes se unían a sus progenitoras en el mantenimiento familiar, pero al independizarse o emparejarse de nuevo se repiten los tópicos.
Las mujeres, además, tienen menores y peores oportunidades de empleo. El desempleo es casi el doble que el de los hombres, pero la temporalidad, parcialidad, inseguridad y precariedad es mucho peor. Las posibilidades de promoción son menores, por el sexismo reinante y la formación previa sectorizada y promocionada en ocupaciones de cuidado y servicio, si no subalternas y reproductivas.

Aún suponiendo que la pareja se plantee con sinceridad la corresponsabilidad doméstica, estén convencidos de ello e intenten ponerlo en práctica, la dificultad es enorme por las cargas ya existentes. Es muy difícil, si no una heroicidad, cuidar del hogar al 50% cuando la dedicación al trabajo no es del 50%, cuando los conocimientos y la experiencia previa no son al 50%, cuando el sistema de distribución de roles de género no es al 50%, cuando las exigencias sociolaborales no son al 50%.
La cosa se complica cuando llega la prole. La baja maternal rebaja, normalmente, al 0% la exigencia de dedicación de las mujeres al mundo laboral externo (del interno, del doméstico, no se libra, es más, se intensifica), lo que supone la excusa perfecta para que la mamá realice muchas más tareas que el papá, que “tiene que levantarse temprano”, “¿cómo voy a dejar que él cuide del/la bebé en la noche cuando tiene que ir al trabajo por la mañana?”. Pasados unos meses de atención mayoritariamente materna, desequilibrada y, en muchos casos, obligadamente por el amamantamiento, el recién nacido no se calma sino junto a ella. Cuando comienza a hablar, por la noche, llama a mamá y no a papá, que “ni se entera cuando el/la niño/a llora”. “No quiere el biberón cuando se lo da él”, dicen algunas madres, incluso con cierto orgullo.

Como conclusión, siendo concientes del punto de partida, del carácter discriminatorio del sistema en que estamos aquí y ahora, de las dificultades para un comportamiento alternativo, de la falta de referencias y de promoción de la corresponsabilidad familiar cotidiana, estamos obligados a buscarla, a iniciar la senda de la igualdad en el mundo doméstico.
Sería perfecto trabajar media jornada cada uno/a (aunque suponga limitación del consumo y/o el gasto), compartir la baja paternal-maternal, pedir vacaciones, permisos o excedencias para equilibrar los tiempos de dedicación, distribuirse las tareas por igual para gozar de tiempos individuales para la promoción laboral, el estudio o la asistencia a reuniones, cursos o jornadas, rotarse los días y las labores de casa para no especializarse,...y otras mil estrategias prácticas y realistas que nos lleven, acerquen o inicien a la corresponsabilidad doméstica y m/paterna.

PASADO PRIMITIVO ¿PARA UN FUTURO MEJOR?


(hoy, en plena crisis, cuando se levantan voces a favor del decrecimiento, cuando no se ve que el capitalismo productivista tenga futuro, es el momento de reivindicar otras visiones del pasado lejano para aprender de él, por supuesto, en parte, en lo positivo, en lo rescatable)


El filósofo norteamericano John Zerzan, en su obra más conocida “Futuro primitivo” nos descubre otra visión de la historia de la humanidad que nos puede hacer reflexionar sobre muchas cuestiones, una de ellas sobre la sexualidad y la relación con la salud.
La historiografía occidental burguesa dominante y primera inventora de la Historia, ha transmitido una versión violenta, salvaje, animal de la prehistoria, rigen de todo mal, de bajas esperanzas de vida, de violencias entre géneros. Una época negra, tortuosa de permanente cambio nómada, de largas caminatas entre la nieve cargando fardos de pieles, con hambre y frío. Las mujeres son agarradas por el pelo, arrastradas hasta las cavernas para ser violadas una y otra vez, pariendo constantemente y enterrando a sus bebés e infantes que sucumbían ante la carencia de medicinas.
El autor mencionado nos explica otro panorama muy diferente, apoyándose en datos antropológicos y paleontológicos, a los que podemos unir un sentido de la lógica y otra manera de mirar el pasado, si sabemos vencer la perspectiva liberal de la Historia, según la cualquier todo va mejorando en una línea continua ascendente, siendo nuestra situación, la del occidente industrializado blanco capitalista desarrollado, la mejor de las posibles.
En un planeta dotado de recursos naturales por doquier, donde la el agua manaba por mil lugares, la caza era abundante, la pesca extraordinaria pero, aún más, los frutos silvestres estaban a la espera de ser agarrados y comidos, no era necesaria la guerra ni la violencia para subsistir. Ese supuesto sentido animal agresivo que tendrían los primeros humanos no encaja con el aumento permanente de población, con el hallazgo de nuevas utilidades de los materiales de la naturaleza. Sólo hay que verlo en el mundo animal, pues incluso en las especies más territoriales es mucho más habitual el tiempo de paz, de tranquilidad, de concentración en la supervivencia, que las luchas o peleas violentas. La humanidad primitiva no era violenta, no se encuentran armas en las tumbas, no hay signos de muertes infringidas. Por otra parte, cada vez está más claro que la inteligencia y posibilidades adaptativas de aquellas mujeres y hombres eran iguales, si no superiores, a las de los actuales.
Los frutos silvestres eran abundantes y sabían perfectamente sus usos alimenticios, medicinales, instrumentales, siempre a la mano, mucho más que la captura de animales, que parece se hacía sólo en determinadas ocasiones. Por los restos encontrados la dieta añadía muy poca carne y pescado. Si las mujeres recolectaban los frutos igual que los hombres, ¿qué necesidad había de enfrentamientos?, ¿por qué una distribución radical del trabajo, si con unas horas al día las necesidades estaban cubiertas? Parece que las diferencias de funciones sociales no eran tan acuciantes y que no establecían jerarquías tan extremas como las actuales. Lo encontrado en los enterramientos paleolíticos y los estudios antropológicos diferenciales no nos indican grandes diferencias de mortalidad entre los dos sexos, ni grandes epidemias o problemas de salud graves. Que hubo selección en la especie es evidente, pero no que la vida fuera más dura ni más corta ni más desigual ni más insalubre está demostrado. De hecho, acercarse a culturas y grupos humanos que comparten hoy en día modos de vida anteriores a la agricultura nos lo corrobora.

Las discriminaciones surgen más tarde, cuando la acumulación del fruto de la agricultura y el deseo de controlar territorios para su cultivo provocan jerarquía, división sexual del trabajo, sobreexplotación laboral, y todo lo que sabemos y que llega a nuestros días. Durante unos millones de años, y hasta hace quince o diez mil años (antes de ayer en la historia de la humanidad), los hombres y las mujeres convivían pacíficamente, salvo raras excepciones, en un planeta limpio, diverso, fructífero, generoso. Las culturas eran simples adaptaciones a la naturaleza. Unos grupos con veinte personas y otros con mil, unos con pieles y otros desnudos, unos con utensilios de hueso y otros con utensilios de madera, según lo que la naturaleza les brindase, una naturaleza con la que se identificaban, que compartían con plantas, animales y materiales que no les interesaba agotar o malgastar. Mujeres y hombres en una relación de interdependencia que impedía una sumisión total o una norma de violencia entre los mismos.Quizás debiéramos estudiar, leer, profundizar más en estas ideas, en esta visión diferente del pasado primitivo. No se trata de querer volver a aquella larga época, pero quizás sea interesante unirlo con otras tesis pacifistas, ecologistas, igualitarias, indigenistas, para fraguar un nuevo presente, para olvidar este etnocentrismo y autocomplacencia con nuestro sistema (sólo hay verlo en estos tiempos de “crisis”) que nos ha llevado a la situación actual de discriminación sexual, problemas de salud, desigualdades sociales y geopolíticas.

domingo, 26 de abril de 2009

IGUALDAD PARA TODAS. IGUALDAD PARA TODOS


(Tan cerca del 14 de abril, día de la república española, se evocan los valores republicanos de igualdad, libertad y fraternidad aún más fuerte. Sobre la igualdad entre mujeres y hombres)

Cuando hablamos de igualdad de género, de las medidas tomadas, de los avances en nuestra sociedad en este sentido, parece que el camino ha sido más largo de lo que es, que siempre hemos estado como ahora, que ha sido un recorrido largo, antiguo, consolidado, ejemplar, referente en el planeta y que todo el mundo debe emprender. Sin embargo, sólo hace falta echar un vistazo a la historia de la legislación por la igualdad para ver que estamos realmente “en pañales”, recién dando los primeros pasitos, y ser concientes de la situación real para tener que reconocer que apenas se ha comenzado en ciertos sectores a vislumbrar algún cambio real.
Pero además, en este proceso, probablemente inconcientemente o priorizando las emergencias, se han centrado las intervenciones sociales y públicas (pues apenas ha habido en el mundo de lo privado, de la gran empresa) en la mitad de la población, en las mujeres. Parece lógico que si queremos resolver un problema social con una parte de la sociedad, sea la mitad, la décima parte o las tres cuartas partes, ese sector sea el protagonista. Sin embargo, el problema de la desigualdad no es sólo cosa de discriminación de las mujeres, es un asunto general que nos implica a todos y todas, que nos perjudica globalmente, con el que perdemos en todos los ámbitos y en todos los grupos o colectivos sociales. Y eso apenas nos lo han contado.
Han sido y son hombres habitual, general y masivamente los que generan mayor desigualdad y discriminación a las mujeres, por no hablar de acoso, violencia, marginación en sus grados más extremos y perversos. Y eso ha llevado a apuntar a ellos para reprimir esas conductas, esas actitudes, esos comportamientos. Probablemente hay que continuar haciéndolo, y también hay que dar un paso adelante.
Hay una buena parte de los hombres que se posicionan a favor de la igualdad sexual, unos por razones morales y solidarios, otros por convencimiento académico o científico y otros por pura utilidad social, pero hay un gran sector, probablemente mayoritario, que no se posiciona. En la vida cotidiana bromea de manera machista si ése es el ambiente creado, no milita en movimientos por la igualdad (ni en otros) pero, llegado el caso, declara abiertamente su creencia en la igualdad y rechazo los comportamientos sexistas extremos. A ese colectivo deberían ir dirigidas acciones específicas de sensibilización, concienciación y propuestas de actuaciones en sus propios ámbitos.
¿Qué pasaría si en una serie de televisión, publicitada masivamente, nos presentaran, en vez del superhéroe masculino que salva a las escotadas y débiles mujeres, a un modelo de hombre sencillo, que trata de igual a igual a los personajes femeninos, que se deja ayudar por unos y por otras, que expone con facilidad sus emociones, miedos y sentimientos, que se hace corresponsable del cuidado de su familia y de sí mismo, sin necesidad de ser viudo, separado o divorciado? ¿Y si hubiera, además de debates de los representantes políticos parlamentarios (“curiosamente” todos hombres), en prime time, un debate sobre las ventajas globales y generales, para todo el mundo, de la igualdad entre géneros, más allá de las cuotas legalmente establecidas y generalmente incomprendidas? ¿Y si se corrigieran los contenidos y expresiones sexistas en todos y cada uno de los documentos oficiales y privados para incidir en la igualdad, especialmente los más publicitados y visibles, pidiendo la firma del padre y de la madre, tutor y tutora (de lo dos, no sólo de uno, pues se trata de co-responsabilidad) para autorizar la asistencia a una excursión o preguntando sobre la necesidad de guardería, ludoteca o ayuda a domicilio para participar en una reunión? ¿Y si nos enumeraran claramente las exigencias y desventajas que trae consigo la desigualdad a los hombres en carteles, anuncios, cartas, publicidad, etc., no en el sentido de “los ricos también lloran” sino en la estricta realidad, en términos reales y cotidianos, tampoco como una cesión por bondad o solidaridad, sino como una clave para el avance de todo el mundo, mujeres y hombres?

Las leyes no servirán de nada si no entramos en la vida cotidiana de la sociedad, de cada uno y una, del hombre igualitario, de la mujer machista, de las víctimas de la desigualdad y de los beneficiados de la misma.

miércoles, 11 de marzo de 2009

8 DE MARZO Y 11 DE MARZO: PACTO INTERGÉNEROS EN UN PACTO MULTICULTURAL

(8 de marzo, día internacional de las Mujeres y 11 de marzo, aniversario del atentado de Madrid tras la entrada de España en la guerra contra Irak)

El día internacional de las mujeres, el 8 de marzo, está plagado de notas, artículos, comentarios sobre la situación de la población femenina, sobre la justa y necesaria reivindicación de la igualdad de género y contra la discriminación sexual.

En primer lugar, quisiera hacer una propuesta de cambio del discurso. No me refiero en esta ocasión a terminar con el uso del lenguaje sexista, absolutamente extendido, anquilosado y necesario de revisión, sino a la necesidad de utilizar otro tono de cercanía entre los mundos femeninos y masculinos. Expresiones, tomadas de un excelente artículo de Elena Simón titulado “Feminismos de ayer y de hoy”, tales como “comunicación entre iguales”, “reconocimiento mutuo” o “pacto intergéneros” simbolizan ese impostergable acercamiento y evocan al acuerdo y al trabajo conjunto, más que a la simple solidaridad o empatía.

En segundo lugar, siguiendo el escrito mencionado, el reconocimiento al carácter de impertinente (por molesto al régimen patriarcal imperante), insurgente (por nacer desde el interior del propio sistema) y subversivo (por querer dar la vuelta al status de discriminación padecido) de los movimientos feministas. En estos tiempos de unipolaridad y “centrismo” en los planteamientos políticos, se hacen imprescindibles las palabras directas, expresiones determinantes, aunque pudieran ser tachadas de radicales y extreminstas. Mucho tenemos que aprender, desde otros movimientos emancipadores o libertarios, de esta impertinencia, insurgencia y subversión.

En tercero, hay algunas cuestiones que planteo a la reflexión e incluso a la reacción.

Los movimientos antipatriarcales, los feminismos, profeminismos (de hombres), la lucha por la igualdad de géneros, no pueden ser corrientes aisladas, particulares, inconexas. No pueden creer que levantan más ampollas que cualquier otra teoría emancipatoria. Este planteamiento tan extendido roza el victimismo. Es necesario mencionar que los procesos de liberación, los pensamientos críticos, los movimientos insurgentes siempre provocan enfrentamiento, lucha, resistencias, no sólo la lucha por la igualdad de género, sino cualquier otra de este calibre. Se echa de menos la alianza de los movimientos emancipatorios, sin perder su identidad ni dispersar esfuerzos, sin renunciar a su propia agenda ni anteponer luchas o estrategias con otros fines, pero, en ocasiones y globalmente, se hace necesario unir fuerzas en objetivos que nos liberen a toda la humanidad, sin caer en la discusión sobre qué lucha levanta más ampollas o cual un poco menos.

La segunda cuestión, y ahora entro en la relación entre el 8 y el 11 de marzo, es el tratamiento de la igualdad de género y de otras visiones culturales o, mejor dicho, el paradigma de partida ante las diferencias culturales. El pensamiento dominante plantea que la única diferencia entre culturas, respecto a la igualdad, viene dada por el grado de intensidad que tienen respecto a las reformas y cambios desde las tradiciones hacia los derechos, desde el autoritarismo hacia la democracia. Se describe así una única línea ascendente que va de las tradiciones a los derechos, identifica tradiciones con autoritarismo y derechos con democracia. Es un paradigma positivista, racionalista, eurocéntrico que parece negar el pluralismo cultural, esa heterogeneidad de cosmovisiones que tanto nos gusta enunciar en occidente, pero que en la práctica es tan difícil practicar. Sé que es tema espinoso, pero he tenido la ocasión de vivir en lugares donde la cultura autóctona tradicional ha generado mayor grado de igualdad de género y menor de discriminación sexual, que en nuestra “avanzada e igualitaria” democracia occidental. Tradición no es igual a autoritarismo per se, y mucho menos derecho es democracia. En ningún caso podemos ser tolerantes con prácticas discriminatorias, pero ni tradicionales ni modernas, ni europeas ni extraeuropeas. Tenemos que ser más exigentes y aplicarnos la autocrítica. No podemos permitirnos dar lecciones de igualdad de género, y menos desde esta España que hasta antesdeayer vivía en la más profunda de las oscuridades discriminatorias. Como ejemplo, fuera de nuestro país les llama mucho la atención la dureza de la violencia machista y el número de asesinadas por esta causa.

Se hace necesario un pacto intergéneros en un pacto multicultural. Luchar por la igualdad estableciendo alianzas entre movimientos de liberación, reconocidos como diferentes pero cercanos en el conseguir un mundo mejor. Cada cultura y subcultura, desde su interior, de manera endógena, debe establecer sus propias estrategias frente a las desigualdades y la discriminación sexual, con el concierto y el apoyo solicitado de otras, apertura a alternativas, deseos de aprendizaje y mentes deseosas de conocer las prácticas de quien está al lado.

lunes, 2 de marzo de 2009

EL PP GANA EN GALICIA Y SE MANTIENE EN EUSKAL HERRÍA

(se han celebrado elecciones en las comunidades autónomas de Galicia y País Vasco-Euskal Herría, con unos resultados considerados positivos por el Partido Popular - PP, conservador, de derechas. Este es el comentario que me suscita el resultado electoral)

Si el PP presentase alternativas a la crisis, entendería que gane en Galicia y se mantenga en Euskal Herría.
Si en la campaña electoral el PP hubiera destacado por una nueva estrategia de conexión con la ciudadanía, entendería que gane en Galicia y se mantenga en Euskal Herría.
Si internamente el PP presentase un partido unido, uniforme, fuerte y el resto de las opciones posibles tuvieran pendiente resolver acusaciones de corrupción, escuchas telefónicas o luchas por el poder, entendería que gane en Galicia y se mantenga en Euskal Herría.
Si en las comunidades y los ayuntamientos en los que gobierna el PP la situación fuera sustancialmente mejor que en los demás, entendería que gane en Galicia y se mantenga en Euskal Herría.

Pero si no es así, ¿por qué no presenciamos un auténtico debacle electoral del PP con la emergencia de nuevas opciones políticas, de fuerte impacto en esos parlamentos autonómicos (no me refiero a conseguir un escaño, llegar a cuatro, o, haciendo mil sumas, conseguir otra cara en la presidencia, pues en esos casos dudo del impacto)?

Inevitablemente, me hace recordar una conversación mantenida hace unos días en la que analizábamos la situación actual y en la que advertimos el peligro de posiciones ultraconservadoras, neofascistas, racistas o xenófobas en tiempos de crisis y depresión.

¿Seremos capaces de articular una alternativa ilusionante, clara, vital, integral, que abra un nuevo escenario, que frene tentaciones autoritarias, que dé luz en tiempos de oscuridad? Pongámonos manos a la obra.

jueves, 26 de febrero de 2009

CARNAVALEANDO EN TARIJA (Y 5)

El domingo, la atención estaba centrada en el corso, pero el lunes era el día de la participación más popular y las fiestas en cada calle: son las chamuyadas. También le dicen mojazón general. Las calles son cortadas por los vecinos con ruedas de auto, latas o sus propios vehículos, cortando impunemente el tráfico, ya sea una calle principal, secundaria, plaza o jardín público. La ciudad se cuartea al gusto y capricho de la gente que organiza sus fiestas al aire libre, ante todo el mundo. Se lanzan agua con valdes (cubos), con chisquetes (pistolitas de agua), jarras, las manos, pateando un charco, o con una manguera sacada de la casa, cualquier cosa es buena para mojarse y mojar. Es verano, hace calor y el alcohol y el baile también compensa el posible frío que puedas pasar. Cada quien que se atreva a pasar cerca es mojado, especialmente si es joven y más si es chica. Los amigos que se reúnen alquilan equipos de música potente, sacan mesas al asfalto, cerveza, vino y chuflay (cóctel hecho con azúcar, gaseosa, hielo y singani –destilado de uva de alta graduación). Se invita a los vecinos cercanos para evitar protestas o enfados y promocionar la amistad. Se bailan sin parar salsas, cumbias, villeras, rueda chapaca, huaiño, todo lo que tenga buen ritmo, rápido y animado. Mientras se bebe y se danza se moja, se arroja agua masivamente, olvidándose de la cartera que se le olvidó en el bolsillo, que el reloj no es acuático o que la polera (camiseta) se transparenta demasiado. Es tremendamente divertido, aunque se da el abuso del alcohol, del consumo desmesurado de agua y del colapso del tráfico urbano.
Por supuesto, nosotros participamos en una chamuyada cerca de casa, nos empapamos hasta la médula, bebimos justo al límite de la decencia, bailamos sin pudor y celebramos la fiesta. La sorpresa era ver cómo una de las calles de paso fundamental norte sur de la ciudad era seccionada por un grupo de no más de quince personas que se divertían de lo lindo sin temor a intervención policial, multa o recriminación social alguna. No hay foto del momento, por motivos obvios y por no tener cámara subacuática.

El martes es el último día del Carnaval y se celebra en familia, en el campo, en casa, sin embargo, tiene una clara imagen para el foráneo: la ch´alla. Es algo así como una bendición, la petición a la Pacha Mama (la Madre Tierra) de un futuro propicio, positivo. Se ch´alla la casa, el negocio, el terreno, el auto, todo aquello que consideras importante en tu vida para vivir bien, para evitarte problemas. Es habitual ver los coches con serpentinas, globos colgados, cubiertos de papelillos y a veces se les rocía de alguna bebida valorada, cerveza o chicha. En ocasiones casi tapan el parabrisas, pero no por ello te van a multar o llamar la atención la policía, es la costumbre, circulas más lentito y ya está. También pueden verse las casas engalanadas, más si son nuevas, y si esa familia está más cerca del mundo andino se realiza una q´oa, un saumerio con hierbas aromáticas y miniaturas que simbolizan tu deseo o petición a la Pachamama, cochecitos de juguetes, pequeñas maquetas de casas, un título universitario pequeñito, un fajo de billetitos de dólar, un avioncito o una maletita que simbolice viajes. Junto al auto, la casa, el negocio, el espacio a ch´allar se hace una fiesta, se hace una parrillada (barbacoa), se bebe bastante y se comparte con las amistades, los compadres y comadres, familiares, vecinos, con quien quieres compartir este momento importante, pues difícilmente olvidas cuándo ch´allaste tu vivienda, tu terreno, tu peluquería, tu despacho o tu taxi.

CARNAVALEANDO EN TARIJA, BOLIVIA (4)

Pues si el jueves fue el de compadres, el siguiente, es el de comadres. Mucho habíamos oído hablar de este día: es el día en el que las mujeres mandan, los grupos de mujeres se apoderan de la ciudad, hay una chupa (borrachera) general de las mujeres, un desmadres (nunca mejor dicho) generalizado, etc, etc. Bueno, no fue para tanto. Un día divertido y diferente, muy agradable y festivo.
Este jueves, igual que el anterior, comienzan a oirse los cohetillos desde la mañana y a verse personas, sobre todo mujeres, con sus canastas de comadres, que son montadas igual que las de compadres. El agua es también protagonista de la jornada, como todas las anteriores. A Amalia la hicieron comadre dos buenas amigas y Jesús y yo hicimos comadre a las dos amigas que nos hicieron compadre el jueves anterior, devolviendo la canasta y consolidando el compadrazgo.
La diferencia la establece la Gran Entrada de Comadres. Numerosos grupos de mujeres se organizan vistiéndose con los trajes tradicionales o sus versiones más o menos cercanas. Se trata del sombrero de chapaca, tipo bombín achatado de colores suaves, verde agua o amarillo dorado sobre todo, la blusa de tocuyo o tela blanca con muchas flores bordadas de colores, la pollera ajustada a la cintura por encima de la rodilla y las ojotas, sandalias planas negras o marrones de tiras cruzadas. No puede faltar una flor en el pelo y algunas llevan su manta, que llaman al mantón de Manila con flecos y bordado, blancos y de colores llamativos. El baile es de pasos repetitivos y sencillos, pero con movimientos graciles hacia uno y otro lado que mueve mantones y faldas. Las manos a la cintura o sosteniendo la canasta de comadre en el lateral o sobre la cabeza.
Van saliendo lentamente grupo tras grupo, identificados con un nombre simpático y creados en los barrios, en lugares de trabajo o simplemente grupos de amistad. Unos con quince o veinte mujeres y otros llegaban a doscientas.
Mientras ellas salen en su pasacalles por una de las avenidas principales más anchas cientos de personas, familias, y por supuesto hombres, las ven pasar con admiración, pero sin grosería ni la chabacanería que podría haberse dado en un acto de exposición únicamente femenina. La lluvia fue la única que estropeó el acto, aunque apareció en las últimas horas afectando a los grupos más rezagados.
Amalia salió en el grupo de las “hormiguitas trabajadoras”, uno de los más respetuosos con la tradición, sin versiones modernizadas de la indumentaria ni del baile, donde predominaban compañeras campesinas, algunas de ellas muy duchas en llevar la canasta sobre el sombrero sin necesidad de ser sostenido por su mano. El baile, a ritmo de erque, natural y continuado.

Ya llevamos casi tres semanas desde el primer acto de anuncio del carnaval, días de agua, de fiestas, de pasacalles y de trabajo a la vez, tanto para los que aprovechan para ganar unos pesos como para la práctica totalidad de la clase trabajadora que no goza de permiso para disfrutar. Sólo los niños y universitarios están sin clases, aunque muchos de ellos deben también trabajar para apoyar la economía familiar. Es una sensación extraña, casi todos se divierten y trabajan casi a la vez, pues mientras se celebra una de las actividades tradicionales del Carnaval los comercios, empresas, talleres, campos, granjas, carreteras siguen en plena actividad laboral.

Sin embargo, el Carnaval, los días importantes del Carnaval, aún no han llegado. El primero es el día 3, el domingo de Carnaval. El corso de mayores supone la fiesta principal de la ciudad. Grupos disfrazados salen en un largo pasacalles, con la más extraordinaria heterogeneidad, soportando que le echen chorros de agua y de espuma, a la vez que la población los admira y, a veces, les aplaude a su paso. Casi todo vale, ir sobrio o ebrio, con traje tradicional o de fantasía, hombre o mujer, niños, jóvenes, adultos o ancianos, haciendo propaganda de una marca, un restaurante o un pueblo, a caballo, en moto, con camión a modo de carroza o a pié, en pequeño grupo, solo o en gran comparsa, con crítica política o sin ella, con música tradicional o carnavalera, lo único indispensable es el buen humor, las ganas de divertirse, la ausencia de vergüenza y sentido del ridículo, y bailar, eso sí, pues si no bailas la gente lo pide a gritos, lo corea hasta iniciar el movimiento. Hasta un policía de servicio puede parecer un motivo de chiste y risa. Los grupos más destacados nos parecieron los que iban disfrazados de Evo y Hugo Chávez, con megafonía que imitaba al presidente, los moteros cincuentones argentinos, grupos folklóricos venidos de Cochabamba, los piratas del caribe, pero sobre todo, como cada año, los reclutas. Son esperados por su originalidad y energía en el baile. Los y las soldados que hacen el servicio militar ensayan sus movimientos y gritos, se hacen sus disfraces, este año de superman, de spiderman, de la masa, de negros timbaleros, se pintan la cara y gran parte del cuerpo, hacen teatros y pasos simpáticos. Toda esa preparación la realizan en el tiempo de cuartel, entendiendo esta participación como forma de divertir a la gente, a la vez que rompe el esquema marcial, distante y rígido del ejército.