domingo, 26 de abril de 2009

IGUALDAD PARA TODAS. IGUALDAD PARA TODOS


(Tan cerca del 14 de abril, día de la república española, se evocan los valores republicanos de igualdad, libertad y fraternidad aún más fuerte. Sobre la igualdad entre mujeres y hombres)

Cuando hablamos de igualdad de género, de las medidas tomadas, de los avances en nuestra sociedad en este sentido, parece que el camino ha sido más largo de lo que es, que siempre hemos estado como ahora, que ha sido un recorrido largo, antiguo, consolidado, ejemplar, referente en el planeta y que todo el mundo debe emprender. Sin embargo, sólo hace falta echar un vistazo a la historia de la legislación por la igualdad para ver que estamos realmente “en pañales”, recién dando los primeros pasitos, y ser concientes de la situación real para tener que reconocer que apenas se ha comenzado en ciertos sectores a vislumbrar algún cambio real.
Pero además, en este proceso, probablemente inconcientemente o priorizando las emergencias, se han centrado las intervenciones sociales y públicas (pues apenas ha habido en el mundo de lo privado, de la gran empresa) en la mitad de la población, en las mujeres. Parece lógico que si queremos resolver un problema social con una parte de la sociedad, sea la mitad, la décima parte o las tres cuartas partes, ese sector sea el protagonista. Sin embargo, el problema de la desigualdad no es sólo cosa de discriminación de las mujeres, es un asunto general que nos implica a todos y todas, que nos perjudica globalmente, con el que perdemos en todos los ámbitos y en todos los grupos o colectivos sociales. Y eso apenas nos lo han contado.
Han sido y son hombres habitual, general y masivamente los que generan mayor desigualdad y discriminación a las mujeres, por no hablar de acoso, violencia, marginación en sus grados más extremos y perversos. Y eso ha llevado a apuntar a ellos para reprimir esas conductas, esas actitudes, esos comportamientos. Probablemente hay que continuar haciéndolo, y también hay que dar un paso adelante.
Hay una buena parte de los hombres que se posicionan a favor de la igualdad sexual, unos por razones morales y solidarios, otros por convencimiento académico o científico y otros por pura utilidad social, pero hay un gran sector, probablemente mayoritario, que no se posiciona. En la vida cotidiana bromea de manera machista si ése es el ambiente creado, no milita en movimientos por la igualdad (ni en otros) pero, llegado el caso, declara abiertamente su creencia en la igualdad y rechazo los comportamientos sexistas extremos. A ese colectivo deberían ir dirigidas acciones específicas de sensibilización, concienciación y propuestas de actuaciones en sus propios ámbitos.
¿Qué pasaría si en una serie de televisión, publicitada masivamente, nos presentaran, en vez del superhéroe masculino que salva a las escotadas y débiles mujeres, a un modelo de hombre sencillo, que trata de igual a igual a los personajes femeninos, que se deja ayudar por unos y por otras, que expone con facilidad sus emociones, miedos y sentimientos, que se hace corresponsable del cuidado de su familia y de sí mismo, sin necesidad de ser viudo, separado o divorciado? ¿Y si hubiera, además de debates de los representantes políticos parlamentarios (“curiosamente” todos hombres), en prime time, un debate sobre las ventajas globales y generales, para todo el mundo, de la igualdad entre géneros, más allá de las cuotas legalmente establecidas y generalmente incomprendidas? ¿Y si se corrigieran los contenidos y expresiones sexistas en todos y cada uno de los documentos oficiales y privados para incidir en la igualdad, especialmente los más publicitados y visibles, pidiendo la firma del padre y de la madre, tutor y tutora (de lo dos, no sólo de uno, pues se trata de co-responsabilidad) para autorizar la asistencia a una excursión o preguntando sobre la necesidad de guardería, ludoteca o ayuda a domicilio para participar en una reunión? ¿Y si nos enumeraran claramente las exigencias y desventajas que trae consigo la desigualdad a los hombres en carteles, anuncios, cartas, publicidad, etc., no en el sentido de “los ricos también lloran” sino en la estricta realidad, en términos reales y cotidianos, tampoco como una cesión por bondad o solidaridad, sino como una clave para el avance de todo el mundo, mujeres y hombres?

Las leyes no servirán de nada si no entramos en la vida cotidiana de la sociedad, de cada uno y una, del hombre igualitario, de la mujer machista, de las víctimas de la desigualdad y de los beneficiados de la misma.

miércoles, 11 de marzo de 2009

8 DE MARZO Y 11 DE MARZO: PACTO INTERGÉNEROS EN UN PACTO MULTICULTURAL

(8 de marzo, día internacional de las Mujeres y 11 de marzo, aniversario del atentado de Madrid tras la entrada de España en la guerra contra Irak)

El día internacional de las mujeres, el 8 de marzo, está plagado de notas, artículos, comentarios sobre la situación de la población femenina, sobre la justa y necesaria reivindicación de la igualdad de género y contra la discriminación sexual.

En primer lugar, quisiera hacer una propuesta de cambio del discurso. No me refiero en esta ocasión a terminar con el uso del lenguaje sexista, absolutamente extendido, anquilosado y necesario de revisión, sino a la necesidad de utilizar otro tono de cercanía entre los mundos femeninos y masculinos. Expresiones, tomadas de un excelente artículo de Elena Simón titulado “Feminismos de ayer y de hoy”, tales como “comunicación entre iguales”, “reconocimiento mutuo” o “pacto intergéneros” simbolizan ese impostergable acercamiento y evocan al acuerdo y al trabajo conjunto, más que a la simple solidaridad o empatía.

En segundo lugar, siguiendo el escrito mencionado, el reconocimiento al carácter de impertinente (por molesto al régimen patriarcal imperante), insurgente (por nacer desde el interior del propio sistema) y subversivo (por querer dar la vuelta al status de discriminación padecido) de los movimientos feministas. En estos tiempos de unipolaridad y “centrismo” en los planteamientos políticos, se hacen imprescindibles las palabras directas, expresiones determinantes, aunque pudieran ser tachadas de radicales y extreminstas. Mucho tenemos que aprender, desde otros movimientos emancipadores o libertarios, de esta impertinencia, insurgencia y subversión.

En tercero, hay algunas cuestiones que planteo a la reflexión e incluso a la reacción.

Los movimientos antipatriarcales, los feminismos, profeminismos (de hombres), la lucha por la igualdad de géneros, no pueden ser corrientes aisladas, particulares, inconexas. No pueden creer que levantan más ampollas que cualquier otra teoría emancipatoria. Este planteamiento tan extendido roza el victimismo. Es necesario mencionar que los procesos de liberación, los pensamientos críticos, los movimientos insurgentes siempre provocan enfrentamiento, lucha, resistencias, no sólo la lucha por la igualdad de género, sino cualquier otra de este calibre. Se echa de menos la alianza de los movimientos emancipatorios, sin perder su identidad ni dispersar esfuerzos, sin renunciar a su propia agenda ni anteponer luchas o estrategias con otros fines, pero, en ocasiones y globalmente, se hace necesario unir fuerzas en objetivos que nos liberen a toda la humanidad, sin caer en la discusión sobre qué lucha levanta más ampollas o cual un poco menos.

La segunda cuestión, y ahora entro en la relación entre el 8 y el 11 de marzo, es el tratamiento de la igualdad de género y de otras visiones culturales o, mejor dicho, el paradigma de partida ante las diferencias culturales. El pensamiento dominante plantea que la única diferencia entre culturas, respecto a la igualdad, viene dada por el grado de intensidad que tienen respecto a las reformas y cambios desde las tradiciones hacia los derechos, desde el autoritarismo hacia la democracia. Se describe así una única línea ascendente que va de las tradiciones a los derechos, identifica tradiciones con autoritarismo y derechos con democracia. Es un paradigma positivista, racionalista, eurocéntrico que parece negar el pluralismo cultural, esa heterogeneidad de cosmovisiones que tanto nos gusta enunciar en occidente, pero que en la práctica es tan difícil practicar. Sé que es tema espinoso, pero he tenido la ocasión de vivir en lugares donde la cultura autóctona tradicional ha generado mayor grado de igualdad de género y menor de discriminación sexual, que en nuestra “avanzada e igualitaria” democracia occidental. Tradición no es igual a autoritarismo per se, y mucho menos derecho es democracia. En ningún caso podemos ser tolerantes con prácticas discriminatorias, pero ni tradicionales ni modernas, ni europeas ni extraeuropeas. Tenemos que ser más exigentes y aplicarnos la autocrítica. No podemos permitirnos dar lecciones de igualdad de género, y menos desde esta España que hasta antesdeayer vivía en la más profunda de las oscuridades discriminatorias. Como ejemplo, fuera de nuestro país les llama mucho la atención la dureza de la violencia machista y el número de asesinadas por esta causa.

Se hace necesario un pacto intergéneros en un pacto multicultural. Luchar por la igualdad estableciendo alianzas entre movimientos de liberación, reconocidos como diferentes pero cercanos en el conseguir un mundo mejor. Cada cultura y subcultura, desde su interior, de manera endógena, debe establecer sus propias estrategias frente a las desigualdades y la discriminación sexual, con el concierto y el apoyo solicitado de otras, apertura a alternativas, deseos de aprendizaje y mentes deseosas de conocer las prácticas de quien está al lado.

lunes, 2 de marzo de 2009

EL PP GANA EN GALICIA Y SE MANTIENE EN EUSKAL HERRÍA

(se han celebrado elecciones en las comunidades autónomas de Galicia y País Vasco-Euskal Herría, con unos resultados considerados positivos por el Partido Popular - PP, conservador, de derechas. Este es el comentario que me suscita el resultado electoral)

Si el PP presentase alternativas a la crisis, entendería que gane en Galicia y se mantenga en Euskal Herría.
Si en la campaña electoral el PP hubiera destacado por una nueva estrategia de conexión con la ciudadanía, entendería que gane en Galicia y se mantenga en Euskal Herría.
Si internamente el PP presentase un partido unido, uniforme, fuerte y el resto de las opciones posibles tuvieran pendiente resolver acusaciones de corrupción, escuchas telefónicas o luchas por el poder, entendería que gane en Galicia y se mantenga en Euskal Herría.
Si en las comunidades y los ayuntamientos en los que gobierna el PP la situación fuera sustancialmente mejor que en los demás, entendería que gane en Galicia y se mantenga en Euskal Herría.

Pero si no es así, ¿por qué no presenciamos un auténtico debacle electoral del PP con la emergencia de nuevas opciones políticas, de fuerte impacto en esos parlamentos autonómicos (no me refiero a conseguir un escaño, llegar a cuatro, o, haciendo mil sumas, conseguir otra cara en la presidencia, pues en esos casos dudo del impacto)?

Inevitablemente, me hace recordar una conversación mantenida hace unos días en la que analizábamos la situación actual y en la que advertimos el peligro de posiciones ultraconservadoras, neofascistas, racistas o xenófobas en tiempos de crisis y depresión.

¿Seremos capaces de articular una alternativa ilusionante, clara, vital, integral, que abra un nuevo escenario, que frene tentaciones autoritarias, que dé luz en tiempos de oscuridad? Pongámonos manos a la obra.

jueves, 26 de febrero de 2009

CARNAVALEANDO EN TARIJA (Y 5)

El domingo, la atención estaba centrada en el corso, pero el lunes era el día de la participación más popular y las fiestas en cada calle: son las chamuyadas. También le dicen mojazón general. Las calles son cortadas por los vecinos con ruedas de auto, latas o sus propios vehículos, cortando impunemente el tráfico, ya sea una calle principal, secundaria, plaza o jardín público. La ciudad se cuartea al gusto y capricho de la gente que organiza sus fiestas al aire libre, ante todo el mundo. Se lanzan agua con valdes (cubos), con chisquetes (pistolitas de agua), jarras, las manos, pateando un charco, o con una manguera sacada de la casa, cualquier cosa es buena para mojarse y mojar. Es verano, hace calor y el alcohol y el baile también compensa el posible frío que puedas pasar. Cada quien que se atreva a pasar cerca es mojado, especialmente si es joven y más si es chica. Los amigos que se reúnen alquilan equipos de música potente, sacan mesas al asfalto, cerveza, vino y chuflay (cóctel hecho con azúcar, gaseosa, hielo y singani –destilado de uva de alta graduación). Se invita a los vecinos cercanos para evitar protestas o enfados y promocionar la amistad. Se bailan sin parar salsas, cumbias, villeras, rueda chapaca, huaiño, todo lo que tenga buen ritmo, rápido y animado. Mientras se bebe y se danza se moja, se arroja agua masivamente, olvidándose de la cartera que se le olvidó en el bolsillo, que el reloj no es acuático o que la polera (camiseta) se transparenta demasiado. Es tremendamente divertido, aunque se da el abuso del alcohol, del consumo desmesurado de agua y del colapso del tráfico urbano.
Por supuesto, nosotros participamos en una chamuyada cerca de casa, nos empapamos hasta la médula, bebimos justo al límite de la decencia, bailamos sin pudor y celebramos la fiesta. La sorpresa era ver cómo una de las calles de paso fundamental norte sur de la ciudad era seccionada por un grupo de no más de quince personas que se divertían de lo lindo sin temor a intervención policial, multa o recriminación social alguna. No hay foto del momento, por motivos obvios y por no tener cámara subacuática.

El martes es el último día del Carnaval y se celebra en familia, en el campo, en casa, sin embargo, tiene una clara imagen para el foráneo: la ch´alla. Es algo así como una bendición, la petición a la Pacha Mama (la Madre Tierra) de un futuro propicio, positivo. Se ch´alla la casa, el negocio, el terreno, el auto, todo aquello que consideras importante en tu vida para vivir bien, para evitarte problemas. Es habitual ver los coches con serpentinas, globos colgados, cubiertos de papelillos y a veces se les rocía de alguna bebida valorada, cerveza o chicha. En ocasiones casi tapan el parabrisas, pero no por ello te van a multar o llamar la atención la policía, es la costumbre, circulas más lentito y ya está. También pueden verse las casas engalanadas, más si son nuevas, y si esa familia está más cerca del mundo andino se realiza una q´oa, un saumerio con hierbas aromáticas y miniaturas que simbolizan tu deseo o petición a la Pachamama, cochecitos de juguetes, pequeñas maquetas de casas, un título universitario pequeñito, un fajo de billetitos de dólar, un avioncito o una maletita que simbolice viajes. Junto al auto, la casa, el negocio, el espacio a ch´allar se hace una fiesta, se hace una parrillada (barbacoa), se bebe bastante y se comparte con las amistades, los compadres y comadres, familiares, vecinos, con quien quieres compartir este momento importante, pues difícilmente olvidas cuándo ch´allaste tu vivienda, tu terreno, tu peluquería, tu despacho o tu taxi.

CARNAVALEANDO EN TARIJA, BOLIVIA (4)

Pues si el jueves fue el de compadres, el siguiente, es el de comadres. Mucho habíamos oído hablar de este día: es el día en el que las mujeres mandan, los grupos de mujeres se apoderan de la ciudad, hay una chupa (borrachera) general de las mujeres, un desmadres (nunca mejor dicho) generalizado, etc, etc. Bueno, no fue para tanto. Un día divertido y diferente, muy agradable y festivo.
Este jueves, igual que el anterior, comienzan a oirse los cohetillos desde la mañana y a verse personas, sobre todo mujeres, con sus canastas de comadres, que son montadas igual que las de compadres. El agua es también protagonista de la jornada, como todas las anteriores. A Amalia la hicieron comadre dos buenas amigas y Jesús y yo hicimos comadre a las dos amigas que nos hicieron compadre el jueves anterior, devolviendo la canasta y consolidando el compadrazgo.
La diferencia la establece la Gran Entrada de Comadres. Numerosos grupos de mujeres se organizan vistiéndose con los trajes tradicionales o sus versiones más o menos cercanas. Se trata del sombrero de chapaca, tipo bombín achatado de colores suaves, verde agua o amarillo dorado sobre todo, la blusa de tocuyo o tela blanca con muchas flores bordadas de colores, la pollera ajustada a la cintura por encima de la rodilla y las ojotas, sandalias planas negras o marrones de tiras cruzadas. No puede faltar una flor en el pelo y algunas llevan su manta, que llaman al mantón de Manila con flecos y bordado, blancos y de colores llamativos. El baile es de pasos repetitivos y sencillos, pero con movimientos graciles hacia uno y otro lado que mueve mantones y faldas. Las manos a la cintura o sosteniendo la canasta de comadre en el lateral o sobre la cabeza.
Van saliendo lentamente grupo tras grupo, identificados con un nombre simpático y creados en los barrios, en lugares de trabajo o simplemente grupos de amistad. Unos con quince o veinte mujeres y otros llegaban a doscientas.
Mientras ellas salen en su pasacalles por una de las avenidas principales más anchas cientos de personas, familias, y por supuesto hombres, las ven pasar con admiración, pero sin grosería ni la chabacanería que podría haberse dado en un acto de exposición únicamente femenina. La lluvia fue la única que estropeó el acto, aunque apareció en las últimas horas afectando a los grupos más rezagados.
Amalia salió en el grupo de las “hormiguitas trabajadoras”, uno de los más respetuosos con la tradición, sin versiones modernizadas de la indumentaria ni del baile, donde predominaban compañeras campesinas, algunas de ellas muy duchas en llevar la canasta sobre el sombrero sin necesidad de ser sostenido por su mano. El baile, a ritmo de erque, natural y continuado.

Ya llevamos casi tres semanas desde el primer acto de anuncio del carnaval, días de agua, de fiestas, de pasacalles y de trabajo a la vez, tanto para los que aprovechan para ganar unos pesos como para la práctica totalidad de la clase trabajadora que no goza de permiso para disfrutar. Sólo los niños y universitarios están sin clases, aunque muchos de ellos deben también trabajar para apoyar la economía familiar. Es una sensación extraña, casi todos se divierten y trabajan casi a la vez, pues mientras se celebra una de las actividades tradicionales del Carnaval los comercios, empresas, talleres, campos, granjas, carreteras siguen en plena actividad laboral.

Sin embargo, el Carnaval, los días importantes del Carnaval, aún no han llegado. El primero es el día 3, el domingo de Carnaval. El corso de mayores supone la fiesta principal de la ciudad. Grupos disfrazados salen en un largo pasacalles, con la más extraordinaria heterogeneidad, soportando que le echen chorros de agua y de espuma, a la vez que la población los admira y, a veces, les aplaude a su paso. Casi todo vale, ir sobrio o ebrio, con traje tradicional o de fantasía, hombre o mujer, niños, jóvenes, adultos o ancianos, haciendo propaganda de una marca, un restaurante o un pueblo, a caballo, en moto, con camión a modo de carroza o a pié, en pequeño grupo, solo o en gran comparsa, con crítica política o sin ella, con música tradicional o carnavalera, lo único indispensable es el buen humor, las ganas de divertirse, la ausencia de vergüenza y sentido del ridículo, y bailar, eso sí, pues si no bailas la gente lo pide a gritos, lo corea hasta iniciar el movimiento. Hasta un policía de servicio puede parecer un motivo de chiste y risa. Los grupos más destacados nos parecieron los que iban disfrazados de Evo y Hugo Chávez, con megafonía que imitaba al presidente, los moteros cincuentones argentinos, grupos folklóricos venidos de Cochabamba, los piratas del caribe, pero sobre todo, como cada año, los reclutas. Son esperados por su originalidad y energía en el baile. Los y las soldados que hacen el servicio militar ensayan sus movimientos y gritos, se hacen sus disfraces, este año de superman, de spiderman, de la masa, de negros timbaleros, se pintan la cara y gran parte del cuerpo, hacen teatros y pasos simpáticos. Toda esa preparación la realizan en el tiempo de cuartel, entendiendo esta participación como forma de divertir a la gente, a la vez que rompe el esquema marcial, distante y rígido del ejército.

CARNAVALEANDO EN TARIJA, BOLIVIA (3)

Y soltaron al Diablo. El mismo sábado por la tarde, el mismo día de la elección del rey y la reina del Carnaval infantil, en la plaza principal que lleva el nombre del conquistador sevillano que fundó la ciudad de Tarija, Luís de Fuentes. En un recorrido pequeño, de solo dos laterales de la plaza, comenzaron a pasar las comparsas disfrazadas unas del traje típico de chapacas y chapacos y otros de Dios sabe qué, bailando y saltando. No fueron más de seis o siete y algunas con el acompañamiento de un camión adornado a modo de carroza. El diablo brincaba de un lado al otro, mientras los chiquillos, y no tan chiquillos, le lanzaban espuma y agua. Mucha espera para un espectáculo corto y muy muy sencillo.

Desde ese día se acrecentó el peligro de mojada en las calles. En cualquier momento y lugar, de día o de noche, con calor o con frío, en un barrio o en el centro urbano, andando o en un transporte colectivo con la ventanilla abierta, puedes ser víctima de globos o chorros de agua desde la otra acera, una azotea o directamente por la persona que contigo se cruza e la acera. Con toda impunidad y descaro. No importa si llevas objetos delicados, documentación, el teléfono móvil, tu cámara no sumergible o el reloj no acuático. Víctimas habituales son las muchachas jóvenes, y agresores seguros niños y adolescentes, con lo que el tinte sexista es especialmente llamativo. No faltan chicas que lanzan también agua o muchachos mojados por la calle, pero es mucho más normal ver a las muchachitas empapadas o llenas de espuma. Algunas se ríen, otras no.

El siguiente jueves fue el “jueves de compadres”. Esto de los compadres es realmente curioso e interesante. Comienza la mañana con un pasacalles folklórico, que llaman entrada de compadritos, en el que niños y niñas, vestidos con los trajes típicos, danzan en un recorrido establecido ante toda la ciudad. Colocan para ello unas sencillas gradas y las autoridades asisten y se dejan ver, dando un carácter oficial y social de mayor importancia. Después de las habituales casi dos horas de retraso, los grupos van saliendo tratando de ser lo más fieles a la tradición y a la vez lo más originales posible. Como incentivo hay premios, pequeños, pero que animan a la participación. El baile es sencillo, a ritmo de erque, en dos filas haciendo dibujos al danzar. En medio el erquero y delante dos de los participantes con la taba. Es un juego campesino tradicional en el que se lanza a una determinada distancia, que no va más de los diez metros, una vértebra de buey sobre una masa de barro. Según como caiga, con la vértebra hacia arriba, abajo o en el lateral, puntuará más o menos. Se marcan los puntos arañando una teja. Jesús salió con su grupo, vestido con el traje y sombrero tradicionales.

Se les llama compadres y comadres a los padrinos y madrinas de bautizo de los/as hijos/as, como estábamos acostumbrados, pero también puedes hacer compadre a un amigo especial, a un compañero de trabajo, a un vecino, a un camarada de juergas, a un recién llegado a quien quieras agasajar. El procedimiento es muy bonito. Ese jueves anterior al Carnaval vas a la casa de la persona a la que quieres hacer compadre, llamas a su puerta, lanzas petardos (cohetillos le llaman acá), le entregas una canasta con (por este orden de abajo a arriba) flores, albahaca, que da suerte, un pan dulce (torta le dicen), pastas (masitas serían), suspiros (esos dulces de azúcar), caramelos y piruletas (dulces), verduras de la temporada (como mazorcas de maíz –choclo-, calabazas pequeñas –zapallitos-, pimientos, ajís –pimientos picantes-, lo que puedas), fruta de temporada (indispensables las uvas y los melocotones –duraznos-, también mangos, higos, mientras más mejor), que simbolizan deseos de abundancia, y todo ello coronado con muchas serpentinas y banderitas de colores clavadas en el pan. Es colorista y muy vistoso. Mientras más completa y más grande mejor. Se la das a quien quieres hacer compadre, mientras lo engalanas con serpentina alrededor del cuello y le echas papelillos de colores (mixtura es su nombre), mejor si se lo insertas en su pelo a montones. Le llevas cervezas frías y brindas con él. Ya es tu compadre.

Puede hacer compadre a otro un hombre o una mujer, y ya sabes que se establece una relación de casi hermandad. Dicen que si un hombre tiene un sentimiento de amor de pareja con respecto a una mujer, si ésta le lleva una canasta él se la rechaza. Igualmente puedes rechazar la canasta si esa persona no te simpatiza, pues no es obligatorio recibirla y hacerte compadre con una persona indeseable. Esto de los compadres es muy serio. Desde ese día se llaman uno al otro compadre. Así que como cada año te hacen o haces compadre a unos cuantos amigos. Media ciudad se llama uno a otro compadre. Para consolidar el compadrazgo al año siguiente el que fue elegido compadre deberá “devolver” una canasta a quien lo eligió. En caso contrario queda frustrado el intento. Igualmente se pueden reforzar compadrazgos de hace años entregando nuevas canastas. Esto se hace desde pequeñitos, habiendo compadritos desde los cuatro o los cinco años, lo cual es un orgullo aún mayor, aunque, teóricamente, limita las futuras relaciones de pareja.

El jueves de compadre, desde temprano, comienzan a oirse por toda la ciudad lo petardos y vas pensando “ya han hecho compadre a uno”. Ves a gente con canastotes por la calle, en el micro, en un taxi o en un vehículo particular. Unos son grandes y otros más pequeños, unos abundantes y otros más escuetos, todo depende de tu poder adquisitivo, de tu habilidad para conseguir los componentes y de tu cariño por tu nuevo compadre. Las calles adyacentes al mercado central son cortadas al tráfico y se llenan de puestos ofertando los elementos de las canastas o las canastas ya armadas, a diferentes precios y calidades. De nuevo, como cada día, el espíritu emprendedor, comerciante y microempresarial boliviano se adueña de la ciudad y en casi en cada esquina hay quien vende duraznos, serpentinas, cohetillos, cervezas o canastas.

El día se corona almorzando o viéndose en el que llaman Campo de los Compadres, un espacio abierto, junto al río (llamado Guadalquivir, nombre esto por el susodicho conquistador sevillano probablemente), donde la Alcaldía ha colocado un escenario que ofrece música y actuación, mayoritariamente improvisada, de gente que se ofrece a subir y cantar ante todo el mundo en ese momento. Decenas de personas han colocado un puestecito donde ofrecen comida (cerdo –chancho-, ají de pollo, saice,…) y bebida (refrescos –soda se le dicen a todos, sea cual sea su sabor-, cervezas, vino, pero sobre todo chicha, mucha chicha –fermento de maíz con baja graduación pero que llega a embriagar si tomas mucha-, que se sirve en unas ollas de barro y se toma con una mitad de calabaza seca única que se va llenando y pasando de unos a otros –un mate le dicen-). Todo ello bajo una sombra hecha con un plástico y unos palos, entre los eucaliptos, sin uniformidad, aunque formando calles. Cientos de personas, muchos de ellos niños y niñas, pululan por el recinto vendiendo cervezas, sprays de espuma, empanadas, y mil cosas más. De nuevo, la necesidad y el sentido comercial de la gente surje, pues no se puede desaprovechar la oportunidad de ganarse unas monedas en este día, mientras otros se divierten. Inevitablemente, ya que se necesitan referencias vividas para aprender y entender nuevas cosas, el ambiente recuerda muchísimo a la Feria de Abril: aglomeración, alegría, gente comiendo y bebiendo, unos cantando tonadas (coplas quejumbrosas, aunque con temas irónicos o de amores, que se me antojan similares a fandangos, a veces en contrapunto, es decir, contestándose uno a otro ante un círculo de amistades risueñas y atentas a la ocurrencia y la creatividad), otros bailando (lo típico es la rueda chapaca, cogidas quince o veinte personas de las manos y corriendo en círculo o haciendo curvas al ritmo monótono del erque –instrumento hecho de un cuerno de toro y pipeta de caña-) y hasta algunos caballistas. Supongo que algo parecido debió ser la Feria de Sevilla antiguamente, antes de las lonas inífugas, la urbanización del recinto ferial, los pagos por caseta, la privatización de muchas de ellas, el asfalto en las calles, la ocupación del espacio de caballos por la oligarquía sevillana, etc….aunque en Tarija no faltan los equipos de música de última tecnología a todo volumen, la coca cola por todos lados, la cerveza de importación y un consumismo propio del siglo veintiuno.

El ambiente, fuera de la denominación “día de los compadres”, es muy familiar y nada exclusivo para hombres. Hay niños y niñas, se llevan a los bebés, van personas mayores y se ríe, consume y disfruta la fiesta desde la hora del almuerzo. Es habitual que un vecino o un conocido lejano te llame desde lejos para invitarte, o que te agarren de la mano para hacerte bailar. Se conversan temas agradables, se presentan unos a otros con cariño y muestran a los nuevos compadres con orgullo. Al ir transcurriendo la tarde, el alcohol va causando efecto y se van viendo más borrachos. Al acercarse la noche, sobre las seis o algo más, se van retirando las familias, quedando mayoría masculina, el clima se va haciendo más denso y las relaciones más difíciles. Los enfados se van multiplicando, la embriaguez se extiende y surge algún que otro enfrentamiento, también en eso me recuerda a la Feria de Sevilla o cualquier feria en Andalucía. Pero hay una gran diferencia, antes de oscurecerse la policía municipal desaloja el recinto y manda a cada uno a su casa. Se cierran los puestos, se prohíbe vender más alcohol, se sacan a los comerciantes, se despiden a los caballistas, y se da por concluida la fiesta, antes de las ocho de la tarde. Desde luego cada cual es libre de seguir bebiendo en otro lugar o de continuar la fiesta en un local o en una casa particular, pero esta intervención municipal es bien acogida por evitar males mayores y diluir el peligro de una gran cantidad de peleas, borracheras y otras dificultades. ¿Se imaginan las protestas, sobre todo de grandes comerciantes, si en Andalucía se hiciera lo mismo? Ya veo los titulares: “cientos de miles de euros se pierden por el cierre temprano del recinto ferial”, “son medidas contra la libertad individual”, “el sector vitivinícola en peligro, serán necesarias ayudas estatales para contrarrestar la medida”, “la cultura y la fiesta en peligro”, etc, etc.

Por supuesto, nosotros vivimos la fiesta lo más intensamente posible. Nombré a un buen compañero compadre y otro amigo y otra amiga me hicieron a mí. A Jesús también lo hizo compadrito un amigo y una amiga, y salió por la mañana en el pasacalles folklórico. En la casa hubo varias canastas, comimos y bebimos a gusto y pasamos un día de lo más agradable.

CARNAVALEANDO EN TARIJA, BOLIVIA (2)

Desde mediados de febrero o antes los niños comienzan a ensayar. Amiguetes por la edad, hijos de amigos y compañeros de trabajo, sin necesidad de anuncios en el periódico, ni publicidad, ni llamadas telefónicas, los chiquillos se avisan que se está organizando un grupo folklórico para salir a bailar en Carnaval. Aparte de las academias de baile, más elitistas y perfeccionistas, por no decir privadas y costosas por la cuota a pagar y los trajes a usar, se arman en los distintos barrios grupos de niños y niñas, y de mujeres también, que ensayan para salir en una comparsa. La alcaldía incentiva esta costumbre con pequeños premios por el número de personas, la gracia en el baile, la originalidad, la fidelidad a la tradición, etc., suficiente para animarles a hacerlo bien, lo mejor posible, y tratar de conseguir uno de estos trofeos para comprar camisetas con el nombre del grupo, cohetes para festejar o petardos para animar. Los jóvenes que lideran estos grupos y que enseñan a los pequeños a bailar pacientemente, día tras días, ya en la noche, lo hacen voluntariamente, sólo por el orgullo de aportar a la fiesta. El coste de inscripción es cero, a pesar que es necesario un pequeño equipo de música y los discos correspondientes para el ensayo. Sólo hay que contar con el coste del traje, el típico de las ojotas (sandalias sencillas de charol), el pantalón oscuro con una cinta llamativa cosida en los laterales (que puede servir el del colegio, que siempre es oscuro), la camisa folclórica de tocuyo (lienzo moreno) con flores bordadas, el sombrero chapaco, la pañoleta y el chalequillo de colores brillantes.
Lo más interesante es lo generalizado de la participación, con grupos por casi todos los barrios, gente ensayando en la calle y muchas ganas de estar allí. En cualquier lugar encuentras un cable que sale de una casa, apenas cubierto por una tabla o un ladrillo, y que llega hasta un reproductor de música colocado en una acera ancha o una plaza. Con eso ya está toda la infraestructura montada, la financiación conseguida, los permisos concedidos, la personalidad jurídica legalizada. No puedo evitar recordar lo vivido en otros lugares con respecto a las asociaciones, a las convocatorias de subvenciones, a las quejas de los organizadores de actos culturales con respecto a la poca ayuda de la Administración, a las quejas de la Administración con respecto a un papel o un requisito que falta, etc, etc.
Y lo más importante es la gente, que haya gente, que no llegue demasiado tarde al ensayo, que nadie quede fuera por no poder comprar una parte de la ropa, que se consiga prestado esto o lo otro para que nada falte, que todo quede lindo y que se disfrute mucho. No hemos visto una mala cara, un enfado. El grupo era de unos sesenta, unos quince niños y cuarenta y cinco niñas, organizado por un solo impulsor, con la ayuda de algún familiar en ocasiones.
El baile no es difícil, una vez que coges el paso es repetitivo. Hacen un baile en dos filas que avanzan en línea y vuelven una y otra vez, al ritmo del erque. Luego, ya con música grabada, pero con un paso muy similar se interpreta la cueca. Es un baile en pareja, con dos partes, la primera y la “segundita”, y tres tiempos en cada parte, con contoneos entre el hombre y la mujer, y subidas y bajadas de brazos con extorsión de las muñecas…contado así parecen sevillanas. Algo se parecen. Los bailarines se acercan y alejan, se cruzan, bailan frente a frente y luego juntitos con el brazo de él por encima de ella y suele finalizar con el chapaco rodilla en tierra. Muy lindo.
El sábado, con cuatro días de ensayo, nos propone el “profesor” del grupo que Jesús, con dos chicos más, se presenten a la elección del rey del carnaval infantil. Le buscamos la ropa típica, que aún no la tenía, le insistimos en el paso a dar para el momento de salir al escenario ante todo el mundo y allá fuimos. Supongo que el pelo larguito y medio rubito habrá sido importante, así como la capacidad de relacionarse porque el paso aún no ha sido interiorizado.
Nos citaron a las nueve de la mañana en un parque donde se iba a celebrar el acto. Comenzaría a las nueve y media. Por supuesto a esa hora no había casi nadie. El día estaba agradable. Había llovido en la noche y había algunos charcos. El cielo estaba nublado, pero se abría de vez en cuando. Suficiente para no quemarnos a pleno sol ni mojarnos. El acto comenzó a las once, con los chicos desesperados. Hubo actuaciones, palabritas de varias autoridades, y fueron saliendo uno a uno niños para el concurso de disfraces. Debieron ser más de treinta. Luego una actuación folclórica. Posteriormente los candidatos a rey del carnaval infantil.
Jesús salió más bien serio, tratando de hacer el paso al ritmo del erque, con su sombrero en la mano. Daba saltos de un lugar al otro, se acercó al filo del escenario, hizo su semicírculo amplio, un poco rápido, y en la puerta de salida dio una vuelta y un brindis con el sombrero. Mientras tanto su grupo hacía “barra”, es decir, gritaba, le animaba, le nombraba, saltaban, hacían sonar sus silbatos,…muy bonito, realmente, pues la barra la componen chicos y chicas que no han sido elegidos para ser candidatos.
En total salieron unos quince niños de entre siete y doce años, Jesús era de los más pequeños. Luego las niñas, pero ellas eran cerca de cuarenta. Salían de una en una, alguna cantó algo, luego por tandas de diez. El acto se hizo tremendamente largo y cansado, ya hasta la emoción de saber el resultado se iba diluyendo y perdiendo. Llegó la hora habitual de comer en Bolivia, las doce, llegó la una. Las dos eran cuando leyeron el fallo del jurado. La elección de una reina, una princesa y una dama, un rey, un príncipe y un heraldo, pareció defraudar a muchos. Parece que fueron elegidos parientes del Consejo Municipal, venidos de academias de baile, y hubo quien protestó y gritó “fraude, fraude”, pero lo mejor es que acabó todo.
Jesús no había vivido con intensidad la competencia. No le dio tiempo ni nosotros le dimos nunca importancia, pero había chiquitos decepcionados. Probablemente, más contagiados por las actitudes de los adultos que por entender realmente la significación, o la poca significación, de lo vivido.
Curiosa experiencia la vivida. Lindo el ambiente y el día completo.